Las historias completas del podcast de las mil noches y una noche.

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63.3 Historia contada por el carnicero

63 La malicia de las esposas   
       63,1 Historia contada por el pastelero
       63,2 Historia contada por el verdulero
       63,3 Historia contada por el carnicero
       63,4 Historia contada por el clarinete mayor





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HISTORIA CONTADA POR EL CARNICERO

En El Cairo había una vez cierto hombre, y aquel hombre tenía una esposa ventajosamente conocida por su gentileza, su buen carácter, su ligereza de sangre, su obediencia y su temor al Señor. Y tenía ella en su casa un par de patos cebados y rollizos con deliciosa grasa; y también tenía, pero en el fondo de su astucia y de su casa, un amante por el que estaba completamente loca.
Y ocurrió que el tal amante fue un día a hacerle una visita en secreto, y vió con ella a los dos maravillosos patos; y de improviso se le abrió el apetito; y dijo a la mujer: "¡Oh mi amada! debieras guisar estos dos patos, y rellenarlos de la manera más excelente, a fin de que diéramos gusto al gaznate con ellos. Porque mi alma anhela hoy ardientemente carne de pato". Y ella contestó: "Nada más sencillo, y mi gusto es satisfacer tus anhelos. Y por tu vida, ¡oh mi amado! que voy a degollar los dos patos y a rellenarlos; y te daré los dos; y los tomarás y te los llevarás a tu casa, y te los comerás para delicia y satisfacción de tu corazón. ¡Y de ese modo no podrá enterarse de a qué saben ni a qué huelen el funesto entrometido de mi esposo!"
Y preguntó él: "¿Y cómo vas a arreglarte?" Ella contestó: "Le jugaré una mala pasada de las mías que le dé que sentir; y te daré a ti los dos patos; que nadie me es tan querido como tú, ¡oh luz de mis ojos! Y así ese entrometido no se enterará de a qué saben ni a qué huelen estos patos". Y acto seguido se abrazaron mutuamente. Y mientras se condimentaban los patos, el joven se fué por su camino. Y he aquí lo referente a él.
Pero, volviendo a la joven, cuando, al ponerse el sol, regresó de su trabajo su marido, ella le dijo: "En verdad, ¡oh hombre! ¿cómo aspiras a esa calificación de hombre, estando de tal modo desprovisto de la virtud de la generosidad, que es la que hace a los hombres verdaderamente dignos de este nombre? Porque jamás has invitado a tu casa a nadie, ni me has dicho ningún día entre los días: "¡Oh mujer! hoy tengo un huésped en casa". Y tampoco te has dicho nunca a ti mismo: "Si continúo viviendo con tanta avaricia, la gente acabará por declarar que soy un miserable ignorante de las vías de la hospitalidad". Y el hombre contestó: "¡Oh mujer! ¡nada más fácil que reparar ese olvido! Y mañana ¡inschalah! te compraré carne de cordero y arroz; y guisarás para comer o para cenar cualquier cosa excelente de tu agrado, a fin de que yo invite a comer a alguno de mis amigos íntimos". Y dijo ella: "No, por Alah, ¡oh hombre! En vez de esa carne, prefiero que me compres picadillo de carne, con objeto de que haga un relleno que me servirá para rellenar nuestros dos patos después que tú me los degüelles. Y los asaré. Porque nada hay tan sabroso como los patos asados y rellenos, y nada puede blanquear mejor que los patos el rostro del huésped ante su invitado". Y contestó él: "¡Por encima de mi cabeza y de mis ojos! ¡Así sea!"
Y al amanecer del siguiente día el hombre degolló a los dos rollizos patos, y fué a comprar un ratl de picadillo de carne, y un ratl de arroz, y una onza de especias picantes y otros condimentos. Y lo llevó todo a casa, y dijo a su esposa: "Procura tener a punto los patos rellenos para mediodía, porque vendré a esa hora con mis invitados". Y se fué por su camino.
Entonces se levantó ella y desplumó los patos, y los limpió, y los rellenó con un relleno maravilloso compuesto de picadillo de carne, arroz, alfónsigos, almendras, uvas, piñones y especias finas, y calculó la cocción hasta que estuvo perfectamente en su punto. Y mandó a su negrita que llamase a su bienamado el joven, quien acudió en seguida. Y le abrazó ella, y la abrazó él, y después de endulzarse y satisfacerse mutuamente, le entregó ella los dos deliciosos patos enteros, continente y contenido. Y los tomó él y se fué por su camino.
Y esto es definitivamente lo referente a él ...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 851ª noche

Ella dijo:
... le entregó ella los dos deliciosos patos enteros, continente y contenido. Y los tomó él y se fué por su camino.
Y esto es definitivamente lo referente a él.
En cuanto al esposo de la joven, no dejó de ser exacto de hora. Y llegó a su casa a mediodía, acompañado de un amigo, y llamó a la puerta. Y se levantó ella, y fue a abrirles, y les invitó a entrar, y les recibió con cordialidad. Luego llamó aparte a su marido, y le dijo: "¿Hemos matado los dos patos a la vez, y resulta que no traes contigo más que a un hombre? Pues si todavía podrían venir cuatro invitados más para hacer honor a mi cocina. Vamos, sal y ve en seguida a buscar a otros dos amigos tuyos, o hasta tres, para comer los patos". Y el hombre salió dócilmente para hacer lo que ella le ordenaba.
Entonces fue ella en busca del invitado, y se presentó a él con el semblante demudado, y le dijo con voz temblorosa de emoción: "¡Oh! ¡ay de ti! ¡Estás perdido sin remedio! ¡Por Alah, que no debes tener hijos ni familia, cuando así vas, cabizbajo, a una muerte segura!" Y al oír estas palabras, el invitado sintió que el terror le invadía y le penetraba profundamente en el corazón. Y preguntó: "¿Qué ocurre, pues, ¡oh mujer de bien!? ¿Y qué terrible desgracia es la que me amenaza en tu casa?" Y ella contestó: "¡Por Alah! ¡ya no puedo guardar el secreto! Sabe, pues, que mi marido está muy quejoso de tu conducta para con él, y te ha traído aquí sólo con intención de privarte de tus testículos y reducirte a la condición de eunuco castrado. ¡Y cuando así te veas, quedes muerto o quedes vivo, serás objeto de compasión y lástima!" Y añadió: "¡Mi marido ha ido a buscar a dos amigos suyos para que le ayuden a castrarte!"
Al oír esta revelación de la joven, el invitado se levantó en aquella hora y en aquel instante, y de un salto salió a la calle y echó a correr. Y en el mismo momento entró el marido, acompañado entonces de dos amigos. Y la joven le recibió exclamando: "¿Para qué me di tan malos ratos? ¿para qué me di tan malos ratos? ¡Los patos! ¡los patos!" Y preguntó él: "¡Por Alah! ¿qué pasa, y a qué vienen esos arrebatos? ¿a qué vienen esos arrebatos?" Ella dijo: "¿Para eso hice tan buenos platos? ¿Por qué me di tan malos ratos? ¡Ay, desgraciada de mí! ¡Los patos! ¡los patos!" El preguntó: "¿Pero qué les ocurre a los patos? ¡Por Alah, cállate y no toques a rebato, y dime qué les ocurre a los patos! ¡Si no, te mato! ¡si no, te mato!" Ella dijo: "¡No seas pazguato! ¡no seas pazguato! ¡Echales un galgo a los patos! ¡échales un galgo a los patos! ¡Tu huésped se los llevó, pensando que le salían baratos, y se escapó por la ventana hace un rato!" Y añadió: "¡Hemos sido unos mentecatos!"
Al oír estas palabras de su esposa, el hombre salió a la calle a toda prisa, y vio que su invitado corría a más no poder, con la túnica entre los dientes. Y le gritó: "¡Por Alah sobre ti, vuelve, vuelve, y no te lo quitaré todo! ¡Vuelve, y por Alah, no te quitaré más que la mitad!" (Quería decir con eso ¡oh rey del tiempo! que no se quedaría más que con un pato y le dejaría el otro pato). Pero al oírle gritar de tal suerte, el fugitivo, convencido de que sólo le llamaba para quitarle un compañón en vez de los dos, exclamó, sin dejar de huir: "¿Quitarme un compañón? ¡No te relamas, buey! ¡Corre detrás de mí, si quieres arrancarme uno de mis compañones!"
Y tal es mi historia, ¡oh rey de la gloria!"
Y al oír esta historia del carnicero, el rey por poco se desmaya de risa. Tras de lo cual se encaró con el bufón, y le preguntó: "¿Le quitamos un compañón, o le dejamos con los dos?" Y dijo el bufón: "Dejémosle sus compañones, porque quitárselos sería poco. Y a mí me tiene eso sin cuidado". Y el sultán dijo al hombre: "¡Retírate de nuestra vista! "

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