Las historias completas del podcast de las mil noches y una noche.

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35.3 Hay líquidos y líquidos

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35 Anécdotas morales del jardín perfumado
       35.1 Los tres deseos
       35.2 El mozalbete y el masajista del hammam
       35.3 Hay líquidos y líquidos





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HAY LÍQUIDOS Y LÍQUIDOS

He llegado a saber ¡oh rey afortunado! que un hombre entre los hombres se prendó en extremo de una joven bella y encantadora. Pero esta joven, que era un modelo de gracia y de perfecciones, estaba casada con un hombre al que amaba y del cual era amada. Y como, además, era casta y virtuosa, el hombre que estaba enamorado de ella no podía encontrar medio de seducirla. Y como ya hacía mucho tiempo que cansaba su paciencia sin resultado se le ocurrió valerse de alguna estratagema para vengarse de ella o vencer su desvío.
El esposo de aquella joven tenía en su casa como servidor de confianza a un joven a quien había educado desde la infancia y que guardaba la casa en ausencia de los amos. Así es que el despechado enamorado fué en busca de aquel joven y trabó amistad con él, haciéndole diversos regalos y colmándole de agasajos, hasta el punto de que el joven acabó por sentir hacia él verdadera devoción y por obedecerle sin restricción en todo.
Cuando le pareció que era oportuno, el enamorado le dijo un día al joven: "¡Oh amigo, quisiera visitar hoy la casa de tu amo cuando hayan salido tu amo y tu ama!" El otro contestó: "¡Bueno!" Y cuando su amo se marchó a la tienda y su ama salió para ir al hammam, fué él en busca de su amigo, le cogió de la mano, e introduciéndole en la casa le hizo visitar todas las habitaciones y ver cuanto había en ellas. Pero el hombre, que estaba firmemente resuelto a vengarse de la joven, había ya preparado la mala pasada que quería jugar. Así, pues, cuando llegó al dormitorio, se acercó al lecho y vertió en él el contenido de un frasco que tuvo cuidado de llenar de clara de huevo. E hizo la cosa tan discretamente, que el joven no advirtió nada. Tras de lo cual salió de la vivienda el otro y se marchó por su camino ...

En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discreta


Pero cuando llegó la 505ª noche

Ella dijo:
"... salió de la vivienda el otro y se marchó por su camino. ¡Y he aquí lo que atañe a él!
En cuanto a los esposos, he aquí lo referente a ellos. Cuando, al ponerse el sol, cerró él su tienda, volvió a su casa, y como estaba cansado por toda una jornada de ventas y compras, fué a su lecho y quiso echarse para descansar; pero advirtió una mancha grande que se destacaba en el cobertor, y retrocedió asombrado y desconfiando hasta el límite de la desconfianza. Luego se dijo: "¿Quién habrá podido penetrar en mi casa y hacer con mi esposa lo que ha hecho? ¡Porque esto que veo es licor de hombre sin ninguna duda!" Y para cerciorarse mejor, el mercader metió el dedo en medio del líquido, y dijo: "¡Vaya si es!"
Entonces, lleno de furor, quiso matar primeramente al joven; pero mudó de opinión, pensando: "¡De ese joven no puede haber salido una mancha tan enorme, porque todavía no está en edad de que se le hinchen los compañones!"
Le llamó, sin embargo, y le gritó con voz temblorosa de furor: "¿Dónde está tu ama, miserable aborto?" El joven contestó: "¡Ha ido al hammam!" Al oír estas palabras, se consolidó más la sospecha en el espíritu del mercader, pues la ley religiosa exige que hombres y mujeres vayan al hammam para hacer una ablución completa cuantas veces verifiquen la copulación.
Y gritó al mozo: "¡Corre en seguida para decirle que vuelva!" Y el mozo apresurose a ejecutar la orden.
Llegada que fué su esposa, el mercader, que recorría con los ojos de derecha a izquierda la estancia en que se hallaba el lecho consabido, saltó sobre la joven sin pronunciar palabra, la asió por los cabellos, la tiró al suelo y empezó a administrarle una serie tremenda de patadas y puñetazos. Tras de lo cual le ató los brazos, cogió un gran cuchillo y se dispuso a degollarla. Pero al ver aquello, la mujer comenzó a gritar y aullar tan fuerte, que todos los vecinos y vecinas acudieron en su socorro y la encontraron a punto de ser degollada.
Entonces separaron a la fuerza al marido y preguntaron a qué causa obedecía semejante castigo. Y exclamó la mujer: "¡No sé la causa!" Entonces dijeron todos al mercader: "Si estás quejoso de ella tienes derecho a divorciarte o reprenderla con dulzura y mansedumbre. ¡Pero no puedes matarla, porque como casta lo es, y nosotros por tal la conocemos, y de ello daremos testimonio ante Alah y ante el kadí! ¡Desde hace mucho tiempo es vecina nuestra, y no hemos notado en su conducta nada reprensible!" El mercader contestó: "¡Dejadme degollar a esta licenciosa!" ¡Y si queréis una prueba de sus licencias no tenéis más que mirar la mancha líquida que han dejado los hombres introducidos por ella en mi lecho!"
Al oír estas palabras, los vecinos y las vecinas se acercaron al lecho, y cada uno a su vez metió el dedo en la mancha, y dijo: "¡Es líquido de hombre!" Pero en aquel momento se acercó a su vez el joven y recogió en una sartén el líquido que no había sido absorbido por la tela, poniendo la sartén a la lumbre y haciendo cocer el contenido. Tras de lo cual tomó lo que acababa de cocer, se comió la mitad y distribuyó la otra mitad entre los circunstantes, diciéndoles: "¡Probadlo! ¡es clara de huevo!"
Y habiéndolo probado, se aseguraron todos de que era realmente clara de huevo, incluso el marido, que comprendió que su esposa era inocente y que la había acusado y maltratado injustamente. Así es que apresurose a reconciliarse con ella, y para sellar su buen acuerdo, le regaló cien dinares de oro y un collar de oro.
Esta historieta prueba que hay líquidos y líquidos, y que es preciso saber diferenciar todas las cosas.

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