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33 P3 Historia de Juder el pescador o el saco encantado - tercera de tres partes

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33 Historia de Juder el pescador o el saco encantado (de la noche 465 a la 487)





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Pero cuando llegó la 481ª noche

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Ella dijo:
"¡... Sean con vosotros todas las zalemas, ¡oh hermanos míos! ¿No me reconocéis ya y me habéis olvidado?" Bajaron ellos la cabeza y se echaron a llorar en silencio, entonces les dijo Juder: "¡No lloréis! ¡Porque fueron Satán y la codicia los que hubieron de obligaros a obrar cual obrasteis! ¿Mas cómo pudisteis decidiros a venderme? ¡Pero no lloréis! ¡Si para mi es un consuelo pensar que me parezco en eso a José, hijo de Jacob, a quien también vendieron sus hermanos! ¡No obstante, los hermanos de José se portaron con él peor que vosotros conmigo, pues además le arrojaron al fondo de una cisterna! ¡Limitaos a pedir perdón a Alah, arrepintiéndoos, y os perdonará (porque es el Clemente Ilimitado y el Gran Perdonador) como yo os perdono!
¡Sea con vosotros la bienvenida! ¡Y estad en adelante tranquilos, sin ningún temor y sin ningún encogimiento! Y siguió consolándolos y reconfortándolos hasta que hubo colmado sus corazones; luego empezó a contarles todos los sinsabores y sufrimientos que soportó hasta encontrar en la Meca al jeique Abd Al-Samad. Y también les enseñó el anillo mágico.
Entonces le contestaron ellos: "¡Oh hermano nuestro, perdónanos por esta vez! ¡Si volviéramos a reincidir, haz con nosotros lo que te parezca!”
Juder repuso: "¡No os apenéis ni os preocupéis por eso ya! ¡Y daos prisa a contarme lo que os hizo el rey!" Ellos dijeron: "¡Hizo que nos apalearan, y nos amenazó con algo peor; luego acabó por quitarnos los dos sacos!"
Juder dijo: "¡Ahora va a ver él!" Y frotó el engarce del anillo; y al punto apareció el efrit Trueno-Penetrante.
Al verle, quedaron espantados ambos hermanos, y creyeron de corazón que no le había llamado Juder más que para que los matara. Y se precipitaron en el aposento de su madre, gritando: "¡Oh madre nuestra, nos ponemos bajo tu generosa protección! ¡Oh madre nuestra intercede por nosotros!"
Ella contestó: "¡Oh hijos míos, no tengáis miedo!"
Entretanto, Juder había dicho a Trueno: "¡Te ordeno que me traigas todas las joyas y cosas preciosas que hay en los armarios del rey, sin dejar nada, y trayéndome al mismo tiempo el saco encantado el saco de las cosas preciosas que fueron sustraídos a mis hermanos!" Y contestó el genni del anillo: "¡Escucho y obedezco!" Y al instante fue a ejecutar la orden y volvió para poner entre las manos de Juder los dos sacos intactos y los tesoros del rey, diciendo: "¡Ya sidi! ¡no he dejado nada en los armarios!"
Entonces Juder entregó a su madre el saco de las cosas preciosas y los tesoros del rey, recomendándole que los guardara bien, y colocó ante sí el saco encantado. Luego dijo al genni del anillo: "Te ordeno que esta misma noche me construyas un palacio alto y espléndido, decorándolo con oro y tapizándolo y amueblándole suntuosamente. Y quiero que al despuntar el día esté terminado todo!"
Y el genni del anillo, Trueno-Penetrante, contestó: "¡Se cumplirá tu voluntad!" Y desapareció en el seno de la tierra, mientras Juder sacaba del saco encantado manjares deliciosos que se puso a comer con su madre y sus hermanos en el límite del contento, durmiéndose luego hasta por la mañana.
En cuanto al genni del anillo, congregó al punto a sus compañeros los efrits subterráneos, escogiendo a los más hábiles en albañilería; y pusieron todos manos a la obra. Y unos tallaron piedras, otros edificaron, revocaron otros las paredes, esculpieron y grabaron otros, y otros, en fin, tapizaron y amueblaron las salas, de modo que al despuntar el día estaba el palacio enteramente terminado y decorado. Entonces se presentó el genni del anillo a Juder en cuanto se despertó éste, y le dijo: "¡Ya sidi! ¡el palacio está concluido! ¿Quieres venir a verlo y examinarlo?" Entonces se levantó Juder y salió en compañía de su madre y de sus hermanos; y examinaron el palacio todos juntos y vieron que no tenía igual de tanto como confundía la razón con la belleza de su arquitectura y de su feliz emplazamiento.
Y encantado quedó Juder al mirar su fachada imponente en verdad, y se maravilló pensando que no le había costado nada todo aquello. Y se encaró con su madre, y le preguntó: "¿Quieres habitar en este palacio?" Ella contestó: "¡Vaya si quiero!" E hizo votos por él e invocó sobre su cabeza las bendiciones de Alah. Entonces Juder frotó el anillo talismánico y dijo al genni, que apareció al punto: "¡Té ordeno que me traigas al instante cuarenta esclavas jóvenes, blancas y muy hermosas; cuarenta negras jóvenes y bien formadas; cuarenta criados jóvenes y cuarenta negros!"
El genni contestó: "¡Todo es ya tuyo!" Y con cuarenta de sus compañeros voló a las comarcas de la India, de Sindh y de Persia; y se llevaron a toda joven a quien encontraron completamente hermosa y a todo joven completamente hermoso. Y reunieron así cuarenta de cada especie, tras de lo cual escogieron cuarenta negras hermosas y cuarenta negros hermosos, y los transportaron ante Juder, que los encontró de su gusto a todos, y dijo: "¡Ahora hay que dar a cada uno y a cada una un traje de lo mejor...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discreta.



Pero cuando llegó la 482ª noche

Ella dijo:
"¡...dar a cada uno y a cada una un traje de lo mejor!" El genni contestó: "¡Helo aquí!" Juder dijo: "¡Hay que traer, además, un traje para mi madre y otro traje para mí!" Y Trueno lo llevó todo, y él mismo vistió a las jóvenes esclavas blancas y negras, diciéndoles: "¡Id ahora a besar la mano de vuestra ama, madre de vuestro amo! ¡Y cumplid bien las órdenes que os dé, y seguidla con los ojos, ¡oh blancas y negras!" Luego fue también el genni Trueno a vestir a los jóvenes y a los negros, y les mandó besar la mano de Juder. Después vistió a Salem y Salim con especial cuidado. Y cuando estuvo vestido todo el mundo, Juder parecía verdaderamente un rey y visires sus hermanos.
Como el palacio era muy grande, Juder hizo habitar en uno de los lados del edificio a su hermano Salem y a sus servidores y mujeres, y en el otro a su hermano Salim con sus servidores y mujeres. En cuanto a él, habitó con su madre en el centro del palacio. Y cada uno tenía sus aposentos como un sultán. ¡Y esto respecto de ellos!
¡Pero volvamos al rey!
Cuando el tesorero mayor fue por la mañana a coger del armario del tesoro algunos objetos que necesitaba para el rey, lo abrió, y se encontró con que no había nada.
Y a fe que podría aplicarse a aquel armario este dicho del poeta:
¡Este viejo tronco de árbol era opulento y hermoso con su colmena de abejas sonoras y sus chorros de miel dorada; pero cuando le abandonó el enjambre de abejas y desapareció la colmena, ya no fue más que un hueco vacío!
Y al ver aquello, el tesorero mayor lanzó un grito estridente y cayó sin conocimiento. Y cuando volvió en sí, se precipitó fuera de la estancia del tesoro, y con los brazos en alto corrió en busca del rey Schams Al-Daula, al cual dijo: "¡Oh Emir de los Creyentes! ¡vengo a informarte que esta noche dejaron vacío el tesoro!"
Y exclamó el rey: "¡Oh miserable! ¿qué hiciste de las riquezas que contenía el tesoro?" El otro contestó: "¡Nada, por Alah! ¡Y ni sé qué ha sido de ellas ni cómo se ha vaciado el tesoro! ¡Ayer por la noche, sin ir más lejos, revisé el tesoro, como de costumbre, y lo encontré lleno; y fui allí esta mañana y me lo encuentro vacío, sin nada! ¡No obstante, las puertas están sin forzar, y las he hallado cerradas y sin huellas de perforación o fractura, con los candados intactos y las cerraduras también cerradas! ¡No es, pues, un ladrón quien dejó vacío el tesoro!"
El rey preguntó: "¿Y han desaparecido asimismo los dos sacos?" El otro contestó: "¡Sí!"
Al oír estas palabras, la razón huyó de la cabeza del rey, que irguiose sobre sus pies, y gritó al tesorero mayor: "¡Echa a andar delante de mí!"
Y el tesorero se dirigió al tesoro; y el rey le siguió y llegó al tesoro, encontrándolo, en efecto, completamente vacío por dentro e intacto por fuera; y hubo de quedar estupefacto y aniquilado el rey, y  dijo: "¡He aquí que robaron mi tesoro sin temor a mi poder y a mi cólera!"
Y se enojó con mucho enojo y al instante fue a reunir su diwán; y los emires y notables de la corte entraron en el diwán, y cada cual se preguntaba con espanto si no sería él causa del enojo del rey. Pero el rey les dijo: "¡Oh vosotros todos! ¡Sabed que mi tesoro fué saqueado esta noche; e ignoro quién cometió esta acción, infligiéndome tal afrenta y ultrajándome con tamaño ultraje, sin temer mi cólera!"
Y preguntaron todos: "Pero, ¿cómo ha sido?" El rey contestó: "¡No tenéis más que interrogar al tesorero mayor, que está ahí presente!" Y le interrogaron, y les dijo él: "¡Ayer mismo el tesoro estaba lleno, y lo he visitado y lo encontré vacío, sin nada, y por fuera no hay en la puerta perforación ni fractura!" Y se quedaron todos prodigiosamente asombrados; y sin saber qué contestar, bajaron la cabeza ante las miradas fulgurantes del rey y guardaron silencio
Pero en aquel mismo momento entró el alguacil que había denunciado la otra vez a vez a Salem y a Salim, y dijo:
"¡Oh rey del tiempo, me han tenido sin dormir toda la noche las cosas extraordinarias que he visto!" Y preguntó el rey: "¿Pues qué viste?"
El otro dijo: "Sabrás ¡oh rey del tiempo! que me pasé toda la noche distraído y agradablemente divertido con mirar a unos albañiles que se disponían a edificar trabajando con martillo, llanas y todas las demás herramientas. Y al despuntar el día he visto en aquel paraje un magnífico palacio enteramente acabado y que no tiene igual en el mundo. He pedido entonces detalles, y me los han dado, diciendo: "¡Es que Jader, hijo de Omar, ha vuelto de viaje y construyó este palacio! ¡Trajo consigo numerosos esclavos y muchos criados jóvenes! ¡Y viene cargado de riquezas y colmado de dinero! ¡Y libertó del calabozo a sus hermanos! ¡Y ahora está sentado en su palacio como un sultán!"
Al oír estas palabras del kawas, dijo el rey: "¡Qué vayan en seguida a ver el calabozo!" Y fueron a ver el calabozo y volvieron para anunciar al rey que Salem y Salim no estaban allí ya. Entonces el rey exclamó: "¡Ya di con el ladrón! ¡Quien sacó de la cárcel a Salem y a Salim tiene que ser el mismo que robó mi tesoro!"
Y preguntó el gran visir: "¿Pero quién es?" El rey contestó: "¡Juder, el hermano de los presos! ¡Y también es él quien robó los dos sacos!
Pero ¡oh visir mío! al instante vas a enviar contra todos esos individuos a un emir con cincuenta guerreros que los capturarán, y después de sellarles todos sus bienes, me los traerás aquí a ellos para que yo los cuelgue ...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana y se calló discreta.


Y cuando llegó la 483ª noche

Ella dijo:
"... me los traerás aquí a ellos para que yo los cuelgue". Y aumentó su enojo. y exclamó: "¡Sí, que vayan a buscarlos enseguida, porque quiero matarlos!” : El gran Visir contestó: "¡Oh rey, sé clemente e indulgente, porque clemente es Alah y no se apresura a castigar a su esclavo rebelde y caído en falta! ¡Y además, el hombre que ha podido levantar un palacio en el transcurso de una noche, no tendrá, en verdad, nada que temer de nadie en el mundo! ¡En cambio, tengo miedo por el emir que envíes y temo que se encolerice Juder con él! ¡Paciencia, pues, hasta que dé yo con un medio de que llegues a conocer la verdad sobre el asunto, y sólo entonces podrás realizar sin inconveniente lo que resolviste realizar!"
Y contestó el rey: "Entonces, ¡oh visir mío! dime lo que tengo que hacer". El visir dijo: "Manda que vaya un emir para invitarle a que venga a palacio. ¡Y ya encontraré a la sazón un modo de capturarle; le fingiré mucha amistad y le preguntaré hábilmente acerca de lo que hace y de lo que no hace! ¡Y veremos entonces! Si es verdaderamente grande su poder, le capturaremos con astucia; pero si su poder es débil, le capturaremos a la fuerza; y te lo entregaremos. ¡Y harás con él lo que quieras!"
Dijo el rey: "¡Que se le invite!" Y el gran visir dio orden a un emir llamado el emir Othmán que fuera en busca de Juder y le invitara, diciéndole: "¡El rey desea verte entre sus huéspedes de hoy!" Y añadió el propio rey: "¡Y no dejes de venir con él!"
Y he aquí que el tal emir Othmán era un hombre estúpido, orgulloso e infatuado. Al llegar a la puerta del palacio vio a un eunuco sentado sobre el umbral en una hermosa silla de bambú. Y avanzó a él; pero el eunuco no se levantó ni se preocupó por el emir lo más mínimo, como si no le viera. ¡Y sin embargo, el emir Othmán era muy visible, y llevaba consigo cincuenta hombres muy visibles! Se acercó, a pesar de todo, y le preguntó: "¡Oh esclavo! ¿dónde está tu amo?" El esclavo contestó: "¡En el palacio!", sin volver siquiera la cabeza ni salir de su actitud indiferente y de su postura indolente.
Entonces sintiose muy enfurecido el emir Othmán y le gritó: "¡Oh calamitoso eunuco de pez! ¿No te da vergüenza permanecer, mientras hablo yo, tendido en postura indolente como un holgazán cualquiera?"
El eunuco contestó: "¡Vete ya! ¡Y no repliques ni una palabra más!" Al oír aquello, el emir Othmán llegó al límite de la indignación, y blandiendo su maza, quiso pegar con ella al eunuco. Pero ignoraba que el tal eunuco no era otro que Trueno-Penetrante, el efrit del anillo, a quien Juder había encargado que actuase de portero del palacio. Así es que cuando el presunto eunuco vio el movimiento del emir Othmán, se levantó, mirándole sólo con un ojo y manteniendo cerrado el otro ojo, le sopló en la cara, y bastó aquel soplo para tirarle al suelo. Luego le quitó de las manos la maza y sin más ni más, le asestó cuatro mazasos.
Al ver aquello, se indignaron los cincuenta soldados del emir, y no pudiendo soportar la afrenta infligida a su jefe, sacaron sus alfanjes y se precipitaron sobre el eunuco para exterminarle. Pero el eunuco sonrió con calma, y les dijo: "¡Ah! ¿sacáis vuestros alfanjes, ¡oh perros!? ¡Pues esperad un poco!" Y cogió a algunos y les hundió en el vientre sus propios alfanjes y los ahogó en su propia sangre! Y siguió diezmándolos de tal manera que los que quedaron huyeron poseídos de espanto con el emir a la cabeza, y no pararon hasta llegar a la presencia del rey, en tanto que Trueno volvía a tomar en la silla su postura indolente.
Cuando el rey se enteró por el emir Othmán de lo que acababa de suceder, llegó al límite del furor, y dijo: "¡Que vayan contra ese eunuco cien guerreros!" Y llegados que fueron los cien guerreros a la puerta del palacio, el eunuco los recibió a mazazos, zurrándolos y poniéndolos en fuga en un abrir y cerrar de ojos. Y volvieron a decir al rey: "¡Nos ha dispersado y aterrado!" Y el rey dijo: "¡Que vayan doscientos!" Y salieron doscientos, y fueron destrozados por el eunuco. Entonces gritó el rey a su gran visir: "¡Tú mismo irás ahora con quinientos guerreros para traérmele al instante! ¡Y también me traerás a su amo Juder con sus dos hermanos!" Pero contestó el gran visir: "¡Oh rey del tiempo, prefiero no llevar conmigo guerrero ninguno e ir en su busca completamente solo y sin armas!"
El rey dijo: "¡Ve, y haz lo que te parezca mejor!"
Entonces arrojó el gran visir de sí sus armas y se vistió con un largo ropón blanco; luego se puso en la mano un rosario muy grande, y se encaminó con lentitud a la puerta del palacio de Juder, pasando las cuentas del rosario. Y vio sentado en la silla al eunuco consabido, y se le acercó sonriendo, se sentó en el suelo frente a él con mucha cortesía, y le dijo: "¡La zalema sea con vos!" El otro contestó: "¡Sea contigo la zalema, oh ser humano! ¿Qué deseas?" Cuando el gran visir hubo oído lo de "ser humano", comprendió que el eunuco era un genni entre los genn, y tembló de espanto. Luego le preguntó humildemente: "¿Está tu amo, el señor Juder?" El otro contestó: "¡Sí, está en el palacio!" El visir añadió: "¡Ya sidi! te ruego que vayas a buscarle y a decirle: "¡Ya sidi! el rey Schams Al-Daula te invita a que te presentes a él, pues da un festín en tu honor. ¡Y él mismo te transmite la zalema y te ruega que honres su morada aceptando su hospitalidad!"
Trueno contestó: "¡Espérame aquí mientras voy a pedirle; su beneplácito...!
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente

Y cuando llegó la 484ª noche

Ella dijo:
"¡... Espérame aquí mientras voy a pedirle su beneplácito!" Y el gran visir se puso a esperar en una actitud muy cortés, en tanto que el mared iba en busca de Juder, al cual dijo: "Has de saber, ¡ya sidi! que el rey envió por ti primero a un emir muy presuntuoso, a quien he agredido, y luego a doscientos, a quienes deshice y puse en fuga. ¡Entonces ha enviado a su gran visir sin armas y vestido de blanco para  invitarte a que comas manjares de su hospitalidad! ¿Qué te parece?"
Juder contestó: "¡Tráeme aquí al gran visir!" Y bajó Trueno a decirle: "¡Oh visir, ven a hablar con mi amo!" El visir contestó: "¡Sobre la cabeza!" Y subió al palacio, y entró en la sala de recepción, donde vio a Juder, más imponente que los reyes, sentado en un trono como no podría poseerlo ningún sultán, con un tapiz de lo más espléndido extendido a sus pies. Y quedó estupefacto, y permaneció pasmado, y  absorto, y deslumbrado por la belleza del palacio, por sus adornos, por su decorado, por sus esculturas y por sus muebles; y vio que en comparación era él menos que un mendigo junto a cosas tan hermosas y frente al dueño de aquel recinto. Así es que se inclinó y besó la tierra entre las manos de Juder e hizo votos por su prosperidad. Y Juder le preguntó: "¿Qué tienes que pedirme, ¡oh visir!?"
El visir contestó: "¡Oh mi señor, tu amigo el rey Schams Al-Daula te transmite la zalema! ¡Y desea ardientemente alegrarse los ojos con tu cara; y a tal objeto da un festín en tu honor! ¿Querrás aceptarlo por complacerle?" Juder contestó: "¡Desde el momento en que es mi amigo, ve a transmitirle mi zalema, y dile que venga antes él mismo a mi casa!"
Dijo el visir: "¡Sobre la cabeza!" Entonces Juder frotó el engarce del anillo; y cuando apareció Trueno, le dijo: "¡Tráeme un ropón de lo más hermoso!" Y cuando Trueno le llevó el ropón, Juder dijo al visir: "¡Es para ti, oh visir! ¡Póntelo!" Y cuando el visir se puso el ropón, Juder le dijo: "¡Vé a decir al rey lo que oíste y viste!" Y el visir salió llevando aquel traje tan magnífico, que nadie lo llevó semejante, y fue en busca del rey, le puso al corriente de la posición de Juder, le hizo una admirable descripción del palacio y de lo que contenía, y le dijo: "¡Juder te invita!"
Dijo el rey: "¡Vamos, oh soldados!" Y se irguieron todos sobre sus pies, y el rey les dijo: "¡Montad en vuestros caballos! ¡Y que me traigan mi corcel de guerra para ir a ver a Juder!" Luego montó a caballo, y seguido por sus guardias y soldados, se dirigió al palacio de Juder.
Cuando Juder vio desde lejos llegar al rey con su séquito, dijo al efrit del anillo: "Deseo que me traigas a tus compañeros los efrits para que, con aspecto de seres humanos, formen el paso del rey en el patio principal del palacio. Y como el rey advertirá su número y calidad, quedará aterrado y espantado, y se estremecerá su corazón. ¡Y comprenderá entonces para su bien que mi poder supera al suyo!" Y al instante el efrit Trueno convocó e hizo aparecer a doscientos efrits con aspecto de guardias armados y de estatura enorme. Y entró el rey en el patio y pasó por entre las dos filas de soldados; y al ver su aspecto terrible, sintió estremecérsele el corazón. Luego subió al palacio y entró en la sala donde se hallaba Juder; y le encontró sentado de una manera y con una apostura que no tuvo nunca verdaderamente ningún rey ni sultán. Y le hizo la zalema, y se inclinó entre sus manos, y formuló sus votos, sin que Juder se levantase en honor suyo o le guardara consideraciones o le invitara a sentarse. Por el contrario, le tuvo de pie para hacerse valer, así, de modo que el rey perdió por completo la serenidad, y ya no supo si debía permanecer allí o marcharse.
Y al cabo de cierto tiempo, le dijo Juder por fin: "¿Te parece, en verdad, manera de conducirse el oprimir, como lo has hecho, a personas indefensas, despojándolas de sus bienes?" El rey contestó: "¡Oh mi señor, dígnate excusarme! ¡Me impulsaron a obrar así la codicia y la ambición, y tal era mi destino! ¡Y por otra parte, si no hubiera falta, no habría perdón!" Y continuó excusándose por cuanto pudo cometer en el pasado y suplicando indulgencia y perdón; y entre otras excusas, hasta le recitó estos versos:
¡Oh tú, carácter generoso, hijo de ilustres antecesores y de una raza noble, no me reproches por el daño que en el pasado pudiera hacerte!
¡Lo mismo que nosotros te perdonaríamos si fueses culpable de cualquier mala acción, debes perdonarnos cuando los culpables somos nosotros!”
Y no cesó de humillarse de aquel modo entre las manos de Juder, hasta que Juder hubo de decirle: "¡Que te perdone Alah!" Y le permitió sentarse, y se sentó el rey. Entonces Juder le puso el ropón de la  salvaguardia, y dio a sus hermanos orden de que extendieran el mantel y sirvieran manjares extraordinarios y numerosos. Y después de la comida regaló hermosas vestiduras a todos los individuos del séquito del rey, y les trató con miramientos y generosidad. Sólo entonces fue cuando el rey se despidió de Juder y salió del palacio; pero fue para volver todos los días a pasarlos por entero con Juder y hasta reunió en casa de éste su diwán, ventilando allí los asuntos del reino. Y la amistad entre ambos no hizo más que aumentar y consolidarse. Y así vivieron algún tiempo.
Pero un día en que el rey se hallaba solo con su gran visir, le dijo: "¡Oh visir mío, tengo miedo de que Juder me mate y se apodere de mi trono!...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discreta.


Y cuando llegó la 485ª noche

Ella dijo:
"¡... O visir mío, tengo miedo de que Juder me mate y se apodere de mi trono!" El visir contestó: "¡Oh rey del tiempo! no temas que Juder se apodere de tu trono! ¡Porque el poderío y la opulencia de Juder son mucho más considerable que los del rey! ¿Qué quieres que haga con tu trono? ¡Además que la posesión de tu trono sería en él una prueba de decadencia, dada su actual posición! Pero en cuanto a matarte, si lo temes verdaderamente, ¿para qué tienes una hija? ¡Bastará con que se la des en matrimonio, y de ese modo compartirás con él el poder supremo; y estaréis ambos en las mismas condiciones!"
El rey contestó: "¡Oh visir, actúa de intermediario entre él y yo!" El visir dijo: "No tienes para eso más que invitarle a tu casa; y pasaremos la velada en la sala principal del palacio. Entonces ordenarás a tu hija que se atavíe con sus mejores galas y pase como un relámpago por delante de la puerta de la sala. Y Juder la divisará; y como ha de excitarse mucho su curiosidad y su espíritu se preocupará por la princesa entrevista, quedará locamente enamorado; y me preguntará quién es ella. Entonces yo me inclinaré misteriosamente hacia él, le diré: "¡es la hija del rey!" ¡Y me pondré a conversar con él acerca del particular, dejando escapar palabras y palabras, sin que sepa que estás al corriente, hasta que le decida a venir a pedírtela en matrimonio! ¡Y cuando de tal suerte le hayas casado con la joven, vuestra alianza será firme para lo sucesivo; y a su muerte heredarás la mayor parte de lo que él posea!" Y el rey contestó: "¡Verdad dices, oh visir!" Y dio el festín e invito a Juder, que se presentó en el palacio y sentóse en la sala principal, acogido con júbilo y agasajo, hasta la noche.
Y he aquí que el rey había enviado a decir a su esposa que pusiera a la joven sus mejores preseas, y la adornara con sus adornos más hermosos, y la hiciera pasar muy de prisa por delante de la puerta de la sala del festín. Y la madre de la joven ejecutó lo que le habían ordenado ejecutar. Así es que cuando la joven pasó por delante de la sala del festín como un relámpago, bella y enjoyada y brillante y maravillosa, Juder la divisó y lanzó un grito de admiración y un profundo suspiro, y hubo de modular: "¡Ah!" ¡Y se relajaron sus miembros, y se le puso amarillo el rostro! Y el amor, y la pasión, y el deseo, y el ardor entraron en él y le dominaron.
Entonces le dijo el visir: "¡Lejos de ti toda pena y todo mal, mi señor! ¿Por qué te veo súbitamente demudado, y sufriendo, y dolorido?" Juder contestó: "¡Oh visir, la culpa es de esa joven!
¿De quién es hija? ¡Me ha avasallado y me ha arrebatado la razón!" El visir contestó: "¡Es la hija de tu amigo el rey! ¡Si te gusta, verdaderamente, hablaré al rey para que te la dé en matrimonio!"
Juder dijo: "¡Oh visir, háblale! ¡Y por mi vida, que te daré todo lo que me pidas! ¡Y daré al rey cuanto me reclame como dote de su hija! ¡Y seremos amigos y parientes por alianza!"
El visir contestó: "¡Voy a emplear toda mi influencia a fin de obtener para ti lo que anhelas!" Y habló al rey en secreto, y le dijo: "¡Oh rey Schams Al-Daula, he aquí que tu amigo Juder desea aproximarse a  ti con alianza! ¡Y se ha encomendado a mí para que te hable con objeto de que le concedas en matrimonio tu hija El-Sett Asia! ¡No me rechaces, pues, y acepta mi intercesión! ¡Y te pagará Juder cuanto pidas como dote de tu hija!" El rey contestó: "¡Pagada y recibida está ya la dote! ¡Y la hija es una esclava a su servicio! ¡Se la doy por esposa, y con aceptarla él de mí, me hace el mayor de los honores!" Y dejaron transcurrir aquella noche sin concretar más.
Pero al día siguiente por la mañana el rey congregó su diwán, y convocó a él a grandes y a pequeños, a amos y a servidores; e hizo ir al jeique al-Islam para la circunstancia. Y Juder formuló su demanda de matrimonio, y el rey la aceptó, y dijo: "¡En cuanto a la dote, ya la recibí!" Y se extendió el contrato.
Entonces Juder hizo llevar allí el saco de las joyas y de las pedrerías, y se lo regaló al rey como dote de su hija. Y al punto resonaron los timbales y los tambores, y tocaron las flautas y los clarinetes, y la fiesta y la alegría llegaron a su apogeo, en tanto que Juder penetraba en la cámara nupcial y poseía a la joven.
Y Juder y el rey vivieron juntos, estrechamente unidos, durante días numerosos. Tras de lo cual murió el rey.
Entonces las tropas reclamaron a Juder para el sultanato, y como él rehusara, siguieron importunándole hasta que aceptó. Y le nombraron sultán.
Y he aquí que el primer acto de Juder sultán consistió en erigir una mezquita sobre la tumba del rey Schams Al-Daula; y llevó a ellos ricos donativos; y para emplazamiento de aquella mezquita escogió el barrio de los Bundukania, elevándose su palacio en el barrio de los Yamania. Y desde aquel entonces el barrio de la mezquita y la propia mezquita tomaron el nombre de Judería.
Luego se apresuró el sultán Juder a nombrar visires a sus dos hermanos, a Salem visir de Su Derecha y a Salim visir de Su Izquierda. Y vivieron así en paz sólo un año, no más.
Al cabo de este tiempo, Salem dijo a Salim: "¡Oh hermano mío! ¿hasta cuándo? ...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discreta.


Y cuando llegó la 486ª noche

Ella dijo:
... Al cabo de este tiempo, Salem dijo a Salim: "¡Oh hermano mío! ¿hasta cuándo vamos a permanecer en tal estado? ¿Nos vamos a pasar toda la vida como servidores de Juder, sin disfrutar a nuestra vez de la autoridad y la felicidad mientras Juder viva?
Salim contestó: "¿Qué podríamos hacer para matarle y quitarle el anillo y el saco? ¡Sólo tú sabrás combinar alguna estratagema para llegar a matarle, porque eres más experto y más inteligente que yo!"  Dijo Salem: "Si combinara yo una estratagema para su muerte, ¿te conformarías con que yo fuese sultán y te tuviese a ti por visir de Mi Derecha! ¡Y sería para mí el anillo y para ti el saco!" El otro dijo: "¡Acepto!" Y acordaron el asesinato de Juder para alcanzar el poder soberano y disfrutar como reyes los bienes de este mundo.
Cuando hubieron combinado la estratagema, fueron en busca de Juder y le dijeron: "¡Oh hermano nuestro! ¡quisiéramos que esta tarde te dignaras darnos el gusto de ir a merendar en nuestro mantel, por que hace mucho tiempo que no te hemos visto franquear el umbral de nuestra hospitalidad!" Dijo Juder: "¡Pues no os atormentéis por eso! ¿En casa de cuál de vosotros dos debo presentarme a aceptar la invitación?
Salem contestó: "¡Primero en mi casa! ¡Y cuando hayas probado los manjares de mi hospitalidad, irás a aceptar la invitación de mi hermano!" Juder repuso: "No hay inconveniente. Y fué a ver a Salem en sus habitaciones del palacio.
¡Pero no sabía lo que le esperaba, porque apenas tomó el primer bocado del festín, cayó hecho trizas, con la carne por un lado y los huesos por otro! El veneno había surtido su efecto.
Entonces se levantó Salem y quiso sacarle del dedo el anillo; pero como el anillo no quería salir, le cortó el dedo con un cuchillo. Cogió entonces el anillo y frotó el engarce. Al punto apareció el efrit Trueno-Penetrante, servidor del anillo, que dijo: "¡Heme aquí! ¡Pide y obtendrás!" Salem le dijo: "Te ordeno que te apoderes de mi hermano Salim y le mates. ¡Luego le cogerás y también cogerás a Juder, que está ahí sin vida, y arrojarás los dos cuerpos, el del envenenado y el del asesinado, a los pies de los principales jefes de las tropas!" Y el efrit Trueno, que obedecía todas las órdenes dadas por cualquier poseedor del anillo, fue a buscar a Salim y le mató; después cogió los dos cuerpos sin vida y los arrojó a los pies de los jefes de las tropas, que precisamente estaban reunidos comiendo en la sala de las comidas.
Cuando los jefes de las tropas vieron los cuerpos sin vida de Juder y de Salim, dejaron de comer y alzaron los brazos, encantados y temblorosos, preguntando al mared: "¿Quién cometió ese crimen en las personas del rey y del visir?" El otro contestó: "¡Su hermano Salem!" Y en aquel mismo momento hizo Salem su entrada, y les dijo: "¡Oh jefe de mis tropas y vosotros todos, soldados míos, comed y estad contentos! Me he hecho dueño de este anillo que arrebaté a mi hermano Juder. Y este mared que tenéis ante vosotros es el mared Trueno-Penetrante, servidor del anillo. ¡Y soy yo quien le ha ordenado que diera muerte a mi hermano Salim para no tener que compartir el trono con él! ¡Por otra parte, era un traidor, temía que me traicionase! ¡Así es que, como Juder ha muerto, quedo yo por sultán único! ¿Queréis aceptarme para rey, o queréis mejor que frote el anillo y haga que el efrit os mate a todos, grandes y pequeños, hasta el último?"
Al oír estas palabras, los jefes de las tropas, poseídos de un temor grande, no osaron protestar, y contestaron: "¡Te aceptamos por rey y sultán!"
Entonces ordenó Salem que se celebraran los funerales de sus hermanos. Luego convocó al diwán, y cuando todo el mundo estuvo de vuelta de los funerales, se sentó en el trono; y recibió como rey los homenajes de sus súbditos, después de lo cual, dijo: "¡Ahora quiero que se extienda mi contrato matrimonial con la esposa de mi hermano!"
Le contestaron: "¡No hay inconveniente! ¡Pero es preciso esperar a que pasen los cuatro meses y diez días de viudedad!"
Salem contestó: "Conmigo no rezan esas formalidades ni otras fórmulas análogas! ¡Por la vida de mi cabeza, que necesito entrar en la esposa de mi hermano esta misma noche!" No hubo más remedio que extender el contrato de matrimonio, y se previno de la cosa a la esposa de Juder, El-Sett Asia, la cual repuso: "¡Que venga...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discreta.


Y cuando llegó la 487ª noche

Ella dijo:
... y se previno de la cosa a la esposa de Juder, El-Sett Asia, la cual repuso: "¡Que venga!" Y cuando llegó la noche, Salem penetró en el aposento de la esposa de Juder, que hubo de recibirle con las demostraciones de la alegría más viva y con los deseos de bienvenida. Y le ofreció, para que se refrescase, una copa de sorbete, bebiéndola él para caer destrozado, como cuerpo sin alma. Y así acaeció su muerte.
A la sazón El-Sett Asia cogió el anillo mágico y lo hizo añicos para que nadie en adelante lo utilizase de un modo culpable, y cortó en dos el saco encantado, rompiendo así el encanto que poseía.
Tras de lo cual, mandó prevenir al jeique al-Islam de cuanto había sucedido, y avisó a los notables del reino que ya podían elegir nuevo rey, diciéndoles: "¡Escoged otro sultán para que os gobierne!"



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