Las historias completas del podcast de las mil noches y una noche.

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27.1 P1 Historia de Belukia - primera de dos partes

Hace parte de

27 Historia de la reina Yamlika y del joven Hassib (de la noche 355 a la 373)
       27.1 Historia de Belukia (de la noche 363 a 370)
              27.1.1 Historia del joven triste (de la noche 373 a 393)





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HISTORIA DE BELUKIA

"Has de saber ¡oh Hassib! que en el reino de Bani-Israil había un rey muy prudente que en su lecho de muerte llamó a su hijo, heredero de su trono, y le dijo: "¡Oh hijo Belukia, te recomiendo que cuando tomes posesión del poder hagas por ti mismo inventario de cuantas cosas hay en este palacio, sin que dejes de examinar nada con la mayor atención!"
Entonces, el primer cuidado del joven Belukia al convertirse en rey fue pasar revista a los efectos y tesoros de su padre, y recorrer las diferentes salas que servían de almacén a todas las cosas preciosas  acumuladas en el palacio. De este modo llegó a una sala retirada, en la que halló una arquilla de madera de ébano colocada encima de una columnata de mármol blanco que se elevaba en medio de la habitación. Belukia apresuróse a abrir la arquilla de ébano, y encontró dentro de ella un cofrecillo de oro. Abrió el cofrecillo de oro, y vio un rollo de pergamino, que desplegó al punto.
Y decía en lengua griega: Quien desee llegar a ser dueño y soberano de los hombres, de los genios, de las aves y de los animales, no tendrá más que encontrar el anillo que el profeta Soleimán lleva al dedo en la Isla de los Siete Mares que le sirve de sepultura. Ese anillo mágico es el que Adán, padre del hombre, llevaba al dedo en el paraíso antes de su pecado, y que se lo quitó el ángel Gobrail, donándoselo al prudente Soleimán más tarde. Pero ningún navío podría intentar surcar los piélagos y llegar a esa isla situada allende los Siete Mares. Sólo llevará a cabo esta empresa quien encuentre el vegetal con cuyo jugo basta frotar la planta de los pies para poder caminar por la superficie del mar. Ese vegetal se encuentra en el reino subterráneo de la reina Yamlika. Y únicamente esta princesa sabe el lugar dónde crece tal planta; porque conoce el lenguaje de las plantas y las flores todas, y no ignora ninguna de sus virtudes. Quien quiera dar con este anillo, vaya primero al reino subterráneo de la reina Yamlika.
¡Y si es tan dichoso que triunfa y se apodera del anillo, no solamente podrá entonces dominar a todos los seres creados, sino que también penetrará en la Comarca de las Tinieblas para beber en la Fuente de Vida, que da belleza, juventud, ciencia, prudencia e inmortalidad!
Cuando hubo leído este pergamino el príncipe Belukia, convocó seguida a los sacerdotes, magos y sabios de Bani-Israil...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.


PERO CUANDO LLEGO LA 358ª NOCHE

Ella dijo:
...convocó enseguida a los sacerdotes, magos y sabios de Bani-Israil, y les preguntó si entre ellos había alguno capaz de enseñarle el camino que conducía al reino subterráneo de la princesa Yamlika. Todos los circunstantes le indicaron entonces con el dedo al sabio Offán, que se encontraba en medio de ellos. Y el sabio Offán era un venerable anciano que había profundizado en todas las ciencias conocidas, y poseía los misterios de la magia, las llaves de la astronomía y de la geometría, y todos los arcanos de la alquimia y de la hechicería. Avanzó, pues, entre las manos del joven rey Belukia, que le preguntó: "¿Puedes, verdaderamente, ¡oh sabio Offán! conducirme al reino de la princesa subterránea?"
Y contestó el otro: "¡Puedo!"
Entonces el joven rey Belukia nombró a su visir para que le sustituyera en la dirección de los asuntos del reino mientras durase su ausencia, se despojó de sus atributos reales, vistióse con la capa del peregrino, y se puso un calzado de viaje. Tras de lo cual, seguido por el sabio Offán, salió de su palacio y de su ciudad y se adentró en el desierto.
Sólo entonces le dijo el sabio Offán: "¡Aquí es el lugar propicio para hacer los conjuros que deben enseñarnos el camino!" Se detuvieron, pues, y Offán trazó sobre la arena, en torno suyo, el círculo mágico, hizo los conjuros rituales, y no dejó de descubrir por aquel lado el sitio en que se hallaba la entrada a mi reino subterráneo. Hizo entonces todavía algunos otros conjuros, y se entreabrió la tierra, y les dio paso a ambos hasta el lago que tienes delante de los ojos, ¡oh Hassib!
Yo les acogí con todas las consideraciones que guardo para quien viene a visitar mi reino. Entonces me expusieron ellos el objeto de su visita y al punto me hice llevar en mi azafate de oro sobre la cabeza de las que me transportan, y les conduje a la cumbre de esa colina de esmeralda, donde a mi paso plantas y flores rompen a hablar cada cual en su lenguaje, unas por la derecha, otras por la izquierda, pregonando en voz alta o en voz baja sus virtudes particulares. Y en medio de aquel concierto que ascendía así hasta nosotros, musical y perfumado por jugos esenciales, llegamos ante las mazorcas de una planta, que con todas las corolas rojas de sus flores cantaban bajo la brisa que la inclinaba: "¡Yo soy la maravillosa que otorga a quien se frota los pies con mi jugo la facultad de caminar sin mojarse por la superficie de todos los mares que creó Alah el Altísimo!"
Dije a mis dos visitantes entonces: "¡He aquí delante de vosotros la planta que buscáis!" Y al punto cortó Offán cuantas plantas de esas quiso, maceró los brotes y recogió el jugo en un frasco grande que le di.
Pensé entonces en interrogar a Offán, y le dije: "¡Oh, sabio Offán!, ¿puedes decirme el motivo que a ambos os impulsa a surcar los mares?"
Me contestó: "¡Oh reina, es para ir a la Isla de los Siete Mares a buscar el anillo mágico de Soleimán, señor de los genn, de los hombres, de los animales y de las aves!"
Yo le dije: "¿Cómo no sabes ¡oh sabio! que nadie que no sea Soleimán, haga lo que haga, podrá apropiarse de ese anillo? ¡Créeme Offán, y tú también, oh joven rey Belukia! ¡Escúchame! Abandonad ese proyecto temerario, ese proyecto insensato de recorrer los mares de la creación para ir en busca de ese anillo que no poseerá nadie. ¡Mejor es que cojáis aquí la planta que otorga una juventud eterna a quienes comen de ella!" Pero no quisieron escucharme, y despidiéndose de mí, desaparecieron por donde habían venido".
Aquí dejó de hablar la reina Yamlika, mandó un plátano, que ofreció al joven Hassib, comiose un higo ella, y dijo: "Antes de continuar ¡oh Hassib! con la historia de Belukia y de contarte su viaje por los Siete Mares y las demás aventuras que le acontecieron, ¿no querrías saber con exactitud la situación de mi reino al pie del monte Cáucaso, que rodea la tierra como un cinturón y conocer su extensión, sus alrededores, sus plantas animadas y parlantes, sus genn y sus mujeres serpentinas, súbditas nuestras, cuyo número sólo conoce Alah? ¿Quieres que te diga cómo reposa todo el monte Cáucaso sobre una roca maravillosa de esmeralda? El Sakhart, cuyo reflejo da a los cielos su color azulado. Podría hablarte también del paraje exacto del Cáucaso en que se halla el Gennistán, capital de los genn sometidos al rey Jan ben-Jan, y revelarte el sitio donde mora en el Valle de los Diamantes el pájaro rokh; de paso te enseñaría los campos de batalla que se estremecen con las hazañas de los héroes famosos".
Pero contestó el joven Hassib: "¡Prefiero mucho más, oh reina Yamlika! conocer la continuación de las aventuras del rey Belukia!"
Entonces prosiguió así la reina subterránea:
"Cuando el joven Belukia y el sabio Offán me dejaron para ir a la isla situada allende los Siete Mares, donde se encuentra el cuerpo de Soleimán, llegaron a la orilla del Primer Mar, y se sentaron allí en tierra, y empezaron por frotarse enérgicamente la planta de los pies y los tobillos con el jugo que habían recogido en el frasco. Luego se levantaron, y con mucha precaución al principio, se aventuraron por mar. Pero cuando comprobaron que podían marchar por el agua sin temor a ahogarse, y aún mejor que en tierra firme, se animaron, y se pusieron en camino muy de prisa para no perder tiempo.
De ese modo anduvieron por aquel mar durante tres días y tres noches, y a la mañana del cuarto día arribaron a una isla que les pareció el paraíso de tanto como hubo de maravillarles su hermosura...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.


Y CUANDO LLEGO LA 359ª NOCHE

Ella dijo:
... una isla que les pareció el paraíso, de tanto como hubo de maravillarles su hermosura. La tierra que hollaban era de azafrán dorado; las piedras eran de jade y de rubíes; extendíanse las praderas en cuadros de flores exquisitas con corolas ondulantes bajo la brisa que embalsamaban, casándose las sonrisas de las rosas con las tiernas miradas de los narcisos, conviviendo los lirios con los claveles, las violetas, la manzanilla y las anémonas, y triscando ligeras entre las líneas blancas de jazmines las gacelas saltarinas; las frondas de los áloes y de otros árboles de grandes flores refulgentes susurraban con todas sus ramas, desde las que arrullaban las tórtolas en respuesta al murmullo de los arroyos, y con voz conmovida cantaban los ruiseñores a las rosas su martirio amoroso, mientras las rosas escuchábanles atentamente; aquí los manantiales melodiosos se ocultaban bajo cañaverales de azúcar, únicas cañas que en el paraje había; allá, la tierra natural mostraba sin esfuerzo sus riquezas jóvenes y respiraba en medio de su primavera.
Así es que el rey Belukia y Offán se pasearon hasta la noche muy satisfechos en la sombra de los bosquecillos, contemplando aquellas maravillas que les llenaban de delicias el alma. Luego, cuando cayó la noche, se subieron a un árbol para dormir en él; y ya iban a cerrar los ojos, cuando de pronto retembló la isla con un formidable bramido que la conmovió hasta sus cimientos, y vieron salir de las olas del mar a un animal monstruoso que tenía en sus fauces una piedra brillante como una antorcha, e inmediatamente detrás de él, una multitud de monstruos marinos, cada cual con una piedra luminosa en sus fauces. Así es que la isla quedó enseguida tan clara como en pleno día con todas aquellas piedras.
En el mismo momento, y de todos lados a la vez, llegaron leones, tigres y leopardos en tal cantidad, que sólo Alah habría podido contarlos. Y los animales de la tierra encontráronse en la playa con los animales marinos, y se pusieron a charlar y a conversar entre sí hasta la mañana. Entonces volvieron al mar los monstruos marinos, y las fieras se dispersaron por la selva. Y Belukia y Offán, que no habían podido cerrar los ojos en toda la noche a causa del miedo, se dieron prisa a bajar del árbol y correr a la playa, donde se frotaron los pies con el jugo de la planta para proseguir al punto su viaje marítimo.
De tal suerte viajaron por el Segundo Mar durante días y noches, hasta que arribaron al pie de una cadena de montañas, en medio de las cuales se abría un valle maravilloso, en el que todos los guijarros y todos los peñascos eran de piedra imán y no había allá huellas de fieras ni de otros animales feroces. Así es que se pasearon a la ventura durante todo el día, alimentándose con pescado seco, y al caer la tarde se sentaron a la orilla del mar para ver la puesta del sol, cuando de repente oyeron un maullido espantoso, y a algunos pasos detrás de sí vieron a un tigre que se disponía a saltar sobre ellos. Tuvieron el tiempo preciso para frotarse los pies con el jugo de la planta y ponerse fuera del alcance de la fiera huyendo por el mar.
Y se encontraron en el Tercer Mar.
Y fue aquella una noche muy negra, y a impulsos de un viento que soplaba con violencia, el mar se agitó mucho, lo cual hizo la marcha en extremo fatigosa, máxime para viajeros extenuados ya por la falta de sueño. Felizmente, al rayar el alba llegaron a una isla, donde lo primero que hicieron fue echarse para descansar. Tras de lo cual se levantaron con propósito de recorrer la isla, y la hallaron cubierta de árboles frutales. Pero aquellos árboles tenían la facultad maravillosa de que sus frutos crecían confitados en las ramas. Así es que disfrutaron extraordinariamente en aquella isla ambos viajeros, en especial Belukia, a quien gustaban muchísimo las frutas confitadas y todas las cosas almibaradas en general, y se pasó todo el día dedicado a su regalo. Incluso obligó al sabio Offán a detenerse allí diez días enteros, para tener tiempo de saciarse con aquellas frutas deliciosas.
Pero he aquí que al terminar el décimo día había abusado de su dulzor de tal manera, que se le puso malo el vientre, y disgustado, se apresuró a frotarse las plantas de los pies y los tobillos con el jugo del vegetal, haciendo Offán lo propio, y se pusieron en camino por el Cuarto Mar.
Viajaron cuatro días y cuatro noches por este Cuarto Mar, y tomaron tierra en una isla que no era más que un banco de arena muy fina, de color blanco, donde anidaban reptiles de todas formas, cuyos huevos se incubaban al sol. Como no advirtieron en aquella isla ningún árbol ni una sola brizna de hierba, no quisieron pararse allá más que el tiempo preciso para descansar y frotarse los pies con el jugo que contenía el frasco.
Por el Quinto Mar sólo viajaron un día y una noche, porque al amanecer vieron una islita cuyas montañas eran de cristal con anchas venas de oro, y estaban cubiertas de árboles asombrosos que tenían flores de un amarillo brillante. Al caer la noche estas flores refulgían como astros, y su resplandor, reflejado por las rocas de cristal, iluminó la isla y la dejó más brillante que en pleno día. Y dijo Offán a Belukia: "Delante de los ojos tienes la Isla de las Flores de Oro. Se trata de unas flores que, después de caer de los árboles y cuando se secan, se reducen a polvo, y su fusión acaba por formar las venas de donde se saca el oro. Esta Isla de las Flores de Oro no es más que una partícula del sol separado del astro, y caída antaño aquí mismo".
Pasaron, pues, en aquella isla una noche magnífica, y al día siguiente se frotaron los pies con el líquido precioso y penetraron en la sexta región marítima.
Viajaron por el Sexto Mar...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.


PERO CUANDO LLEGO LA 360ª NOCHE

Ella dijo:
...Viajaron por el Sexto Mar el tiempo suficiente para experimentar un placer grande al llegar a una isla cubierta de hermosísima vegetación, en la cual pudieron disfrutar de algún reposo sentados en la playa. Se levantaron luego y comenzaron a pasearse por la isla. ¡Pero cuál no sería su espanto al ver que los árboles ostentaban, a manera de frutos, cabezas humanas sostenidas por los cabellos! No tenían la misma expresión todas aquellas frutas en forma de cabeza humana: sonreían unas, lloraban o reían otras, mientras que las que habían caído de los árboles rodaban por el polvo y acababan por transformarse en globos de fuego que alumbraban la selva y hacían palidecer la luz del sol.
Y no pudieron por menos de pensar ambos viajeros: "¡Qué selva más singular!" Pero no se atrevieron a acercarse a aquellas frutas extrañas, y prefirieron volver a la playa. Y he aquí que a la caída de la tarde se sentaron detrás de una roca, y vieron de repente salir del mar y avanzar por la playa doce hijas del mar, de una belleza sin par, y con el cuello ceñido por un collar de perlas, quienes se pusieron a bailar en corro, saltando y dedicándose a jugar entre ellas con mil juegos locos durante una hora. Tras de lo cual se pusieron a cantar a la luz de la luna, y se alejaron a nado por el agua. Y por más que les encantaran mucho la belleza, los bailes y los cánticos de las hijas del mar, Belukia y Offán no quisieron prolongar más su estancia en la isla a causa de las espantosas frutas en forma de cabeza humana. Se frotaron, pues, la planta de los pies y los tobillos con el jugo encerrado en el frasco, y entraron en el Séptimo Mar.
Su viaje por este Séptimo Mar fue de muy larga duración, porque estuvieron andando dos meses de día y de noche, sin encontrar en su camino tierra alguna. Y para no morirse de hambre se vieron obligados a coger rápidamente los peces que de cuando en cuando salían a la superficie del agua, comiéndoselos crudos, tal y como estaban. Y empezaron a comprender a la sazón cuán prudentes eran los consejos que  les di y a lamentarse por no haberlos seguido. Acabaron, empero, por llegar a una isla que supusieron era la Isla de los Siete Mares, donde debía encontrarse el cuerpo de Soleimán con el anillo mágico en uno de sus dedos.
Halláronse con que la Isla de los Siete Mares estaba cubierta de hermosísimos árboles frutales y regada por numerosos caudales de agua. Y como tenían bastante gana y la garganta seca a causa del tiempo que se vieron reducidos a no tomar por todo alimento más que peces crudos, se acercaron con extremado gusto a un gran manzano de ramas llenas de racimos de manzanas maduras. Y Belukia tendió la mano, y quiso coger de aquellos frutos; pero en seguida se hizo oír dentro del árbol una voz terrible que les gritó a ambos: "¡Como toquéis a estas frutas seréis partidos en dos!" Y en el mismo instante apareció enfrente de ellos un enorme gigante de una altura de cuarenta brazos, según medida de aquel tiempo. Y le dijo Belukia en el límite del terror: "¡Oh jefe de los gigantes! vamos a morir de hambre y no sabemos por qué nos prohíbes tocar estas manzanas." El gigante contestó: "¿Cómo pretendes ignorar el motivo de esta prohibición? ¿Olvidasteis ¡oh hijo de los hombres! que Adán, padre de vuestra raza, desobedeció las órdenes de Alah comiendo de estas frutas prohibidas? ¡Y desde aquel mismo tiempo estoy encargado de custodiar este árbol y de matar a cuantos echen mano a sus frutas! ¡Alejaos, pues, y buscad otras cosas con qué alimentaros!"
A estas palabras. Belukia y Offán se apresuraron a abandonar aquel paraje, y avanzaron hacia el interior de la isla. Buscaron otras frutas y se las comieron; luego se pusieron en busca del lugar donde pudiera encontrarse el cuerpo de Soleimán.
Después de caminar sin rumbo por la isla durante un día y una noche, llegaron a una colina cuyas rocas eran de ámbar amarillo y de almizcle, y en cuyas laderas se abría una gruta magnífica con bóveda y paredes de diamantes. Como estaba tan bien alumbrada, cual a pleno sol, se aventuraron bastante en sus profundidades, y a medida que avanzaban, veían aumentar la claridad y ensancharse la bóveda. Así anduvieron maravillándose de aquello, y empezaban a preguntarse si tendría fin la gruta, cuando de repente llegaron a una sala inmensa, tallada de diamante, y que ostentaba en medio un gran lecho de oro macizo, en el cual aparecía tendido Soleimán ben-Daúd, a quien podía reconocerse por su manto verde adornado de perlas y pedrerías, y por el anillo mágico que ceñía un dedo de su mano derecha, lanzando resplandores ante los que palidecía el brillo de la sala de diamantes. La mano que tenía el anillo en el dedo meñique, descansaba sobre su pecho, y la otra mano, extendida, sostenía el cetro áureo de ojos de esmeralda.
Al ver aquello, Belukia y Offán se sintieron poseídos por un gran respeto y no osaron avanzar. Pero enseguida dijo Offán a Belukia: "Ya que afrontamos tantos peligros y experimentamos tantas fatigas, no vamos a retroceder ahora que hemos alcanzado lo que perseguíamos. Yo me adelantaré solo hacia ese trono donde duerme el Profeta, y por tu parte pronunciarás tú las fórmulas conjuratorias que te enseñé, y que son necesarias para hacer escurrir el anillo por el dedo rígido".
Entonces comenzó Belukia a pronunciar las fórmulas conjuratorias, y Offán se acercó al trono y tendió la mano para llevarse el anillo. Pero, en su emoción, Belukia había pronunciado al revés las palabras mágicas, y tal error resultó fatal para Offán, porque enseguida le cayó desde el techo una gota de diamante líquido, que le inflamó por entero y en unos instantes le dejó reducido a un montoncillo de cenizas al pie del trono de Soleimán.
Cuando Belukia vio el castigo infligido a Offán por su tentativa sacrílega, se dio prisa a ponerse en salvo, cruzando la gruta y llegando a la salida para correr directamente al mar. Allí quiso frotarse los pies y marcharse de la isla; pero vio que ya no podía Hacerlo porque...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.


PERO CUANDO LLEGO LA 361ª NOCHE

Ella dijo:
... pero vio que ya no podía hacerlo porque se había abrasado Offán, y con él se consumió el frasco milagroso.
Muy entristecido entonces, comprendió por fin toda la exactitud y realidad de las palabras que les dije anunciándoles las desgracias que en tal empresa les esperaban, y echó a andar sin rumbo por la isla, ignorando lo que sería de él entonces, que se hallaba completamente solo, sin que pudiese servirle nadie de guía.
Mientras andaba de este modo vio una gran polvareda de la que salía un estrépito que se hizo ensordecedor como el trueno, y oyó chocar lanzas y espadas detrás de ella, y un tumulto producido por galopes y gritos que nada tenían de humano; y de repente vislumbró que de entre el polvo disipado salía un ejército entero de efrits, de genn, de mareds, de ghuls, de khotrobs, de saals, de baharis, en una palabra, de todas las especies de espíritus del aire, del mar, de la tierra, de los bosques, de las aguas y del desierto.
Tanto terror hubo de producirle este espectáculo, que ni siquiera pretendió moverse, y esperó allí hasta que el jefe de aquel ejército se adelantó hacia él, y le preguntó: "¿Quién eres? ¿Y cómo te ingeniaste para poder llegar a esta isla, donde venimos todos los años a fin de vigilar la gruta en que duerme el dueño de todos nosotros, Soleimán ben-Daúd?"
Belukia contestó: "¡Oh jefe de los bravos! Yo soy Belukia, rey de los Bani-Israil. Me he perdido en el mar, y tal es la razón de que me encuentre aquí. Pero permíteme que a mi vez te pregunte quién eres y quiénes son todos esos guerreros". El otro contestó: "Somos los genn, de la descendencia de Jan ben-Jan. ¡Ahora mismo veníamos del país donde reside nuestro rey, el poderoso Sakhr, señor de la Tierra-Blanca en que antaño reinó Scheddad, hijo de Aad!"
Belukia preguntó: "¿Pero dónde está enclavada esa Tierra-Blanca en que reina el poderoso Sakhr?" El otro contestó: "Detrás del monte Cáucaso, que se halla a una distancia de setenta y cinco meses de aquí, según medida humana. Pero nosotros podemos ir allá en un abrir v cerrar de ojos. ¡Si quieres, podemos llevarte con nosotros y presentarte a nuestro señor, ya que eres hijo de rey!"
No dejó de aceptar Belukia, y al punto fue transportado por los genn a la residencia de su rey, el rey Sakhr.
Vio una llanura magnífica surcada por canales con lecho de oro y plata; esta llanura, cuyo suelo aparecía cubierto de almizcle y de azafrán, estaba sombreada por árboles artificiales con ramas de esmeralda y frutos de rubíes, y llena de tiendas soberbias de seda verde sostenidas por columnas de oro incrustadas de pedrerías. En medio de esta llanura se alzaba un pabellón más alto que los demás de seda roja y azul, soportado por columnas de esmeraldas y rubíes, y en el cual se encontraba el rey Sakhr, sentado en un trono de oro macizo, teniendo a su diestra a otros reyes con sus vasallos, y a su izquierda a sus visires y a sus lugartenientes, a sus notables y a sus chambelanes.
Cuando estuvo en presencia del rey, Belukia comenzó por besar la tierra entre sus manos, y le cumplimentó. Entonces, el rey Sakhr, con mucha benevolencia, le invitó a sentarse al lado suyo en un sillón de oro. Luego le pidió que le dijese su nombre y le contara su historia Y Belukia le dijo quién era, y le contó toda su historia desde el principio hasta el fin, sin omitir ningún detalle.
Al oír tal relato, el rey Sakhr y cuantos le rodeaban llegaron al límite del asombro. Luego, a una seña del rey, se extendió el mantel para el festín, y los genn de la servidumbre llevaron las bandejas y porcelanas. Las bandejas de oro contenían cincuenta camellos tiernos cocidos y otros cincuenta asados, mientras que las bandejas de plata contenían cincuenta cabezas de carnero, y las frutas, maravillosas de tamaño y calidad, aparecían dispuestas en fila y bien alineadas en las porcelanas. Y cuando estuvo todo listo, comieron y bebieron en abundancia; y terminada la comida, no quedaba en las bandejas ni en las porcelanas la menor señal de los manjares ni de las cosas exquisitas con que se llenaron.
Sólo entonces dijo el rey Sakhr a Belukia: "Sin duda, ¡oh Belukia! ignoras nuestra historia y nuestro origen. Pues, voy a decirte sobre ello algunas palabras, para que a tu regreso entre los hijos de los hombres puedas transmitir a las edades la verdad sobre tales cuestiones, todavía para ellos muy oscuras.
"Has de saber, pues, ¡oh Belukia! ...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.


PERO CUANDO LLEGO LA 362ª NOCHE

Ella dijo:
". .. Has de saber, pues, ¡oh Belukia! que en el principio de tiempos, Alah el Altísimo creó el fuego, y lo guardó en el Globo en siete regiones diferentes, situadas una debajo de otra, cada cual a una distancia de mil años, según medida humana.
"A la primera región del fuego la llamó Gehannam, y su espíritu la destinó a las criaturas rebeldes que no se arrepienten. A la segunda región la llamó Lazy, porque la construyó en forma de sima, y la destinó a todos aquellos que después de la venida futura del profeta Mohamed (¡con él la plegaria y la paz!) persistiesen en sus errores y sus tinieblas y rehusaran hacerse creyentes. Construyó luego la tercera región, y tras de darle la forma de una caldera hirviente, la llamó El-Jahim, y encerró en ella a los demonios Goy Y Magoy. Después de lo cual formó la cuarta región, la llamó Sair, e hizo de ella la vivienda de Eblis, jefe de los ángeles rebeldes, que se había negado a reconocer a Adán y saludarle, desobedeciendo así órdenes formales del Altísimo. Luego limitó la quinta región, le dio el nombre de Sakhar, y la reservó, para los impíos, para los embusteros y para los orgullosos. Hecho lo cual, abrió una caverna inmensa, la llenó de aire abrasado y pestilente, la llamó Hitmat, y la destinó para las torturas de judíos y cristianos.
En cuanto a la séptima, llamada Hawya, la reservó para meter allí a los judíos y cristianos que no cupiesen en la anterior, y a los que fueran creyentes más que en apariencia. Estas dos últimas regiones son las más espantosas, mientras que la primera resulta muy soportable. Su estructura es bastante parecida. En Gehannam, la primera, por ejemplo, no se cuentan menos de setenta mil montañas de fuego, cada una de las cuales encierra setenta mil valles; cada valle comprende setenta mil ciudades; cada ciudad, setenta mil torres, cada torre, setenta mil casas, y cada casa, setenta mil bancos. Además, cada uno de bancos, cuyo número puede sacarse multiplicando todas estas cifras contiene setenta mil torturas y suplicios diversos, de los que sólo Alah conoce la variedad, la intensidad y la duración. Y como esta región es la menos ardiente de las siete, puedes formarte una idea ¡oh Belukia! de los tormentos guardados en las otras seis regiones.
"Si te facilito este dato y estas explicaciones acerca del fuego, ¡oh Belukia! se debe a que los genn somos hijos del fuego.
"Porque los dos primeros seres que del fuego creó Alah eran dos genn, de los cuales hizo El su guardia particular, y a quienes llamó Khallet y Mallit; y a uno le dio la forma de un león, y a otro la forma de un lobo. Y al león le dio órganos masculinos y al lobo órganos femeninos.
El miembro del león Khallit tenía una longitud igual a una distancia en cuyo recorrido se tardasen veinte años, y la vulva de Mallit, la loba, tenía la forma de una tortuga, y su tamaño guarda proporción con la longitud del miembro de Khallit. Uno era de color jaspeado con blanco y negro; y la otra era rosada y blanca. Y Alah unió sexualmente a Khallit y a Mallit, y de su cópula hizo nacer dragones, serpientes, escorpiones y animales inmundos, con los que pobló las Siete Regiones para suplicio de los condenados. Luego ordenó Alah a Khallit y a Mallit que copularan por segunda vez, e hizo nacer de este segundo enlazamiento siete machos y siete hembras, que crecieron en la obediencia. Cuando fueron mayores, uno de elles que hacía concebir las mejores esperanzas en vista de su conducta ejemplar, fue especialmente distinguido por el Altísimo, quien hizo de él el jefe de sus cohortes constituidas por la reproducción incesante del león y la loba.
Su nombre era precisamente Eblis Pero emancipado más tarde de su obediencia a las órdenes de Alah, que le mandaba prosternarse ante Adán, hubo de precipitársele en la cuarta región con todos los que se unieron a él. Y Eblis y su descendencia poblaron de demonios machos y hembras el infierno. En cuanto a los otros seis varones y las otras mujeres, siguieron sumisos, uniéndose entre sí, y tuvieron por hijos a los genn, entre los cuales nos contamos, ¡oh Belukia! Y tal es, en pocas palabras, nuestra genealogía.
No te asombres, pues, al vernos, comer de esta manera, porque nuestro origen está en un león, y en una loba. Para darte una idea de la capacidad de nuestro vientre, te diré que cada uno de nosotros devora en el día diez camellos, veinte carneros, y se bebe cuarenta cucharadas de caldo, advirtiéndote que cada cucharada contiene tanto como un caldero.
"¡Ahora, oh Belukia! para que sea perfecta tu instrucción a tu regreso entre los hijos de los hombres, has de saber que a la tierra que habitamos la están refrescando siempre las nieves del monte Cáucaso, que la rodea cual un cinturón. De no ser así, no podría habitarse nuestra tierra por causa del fuego subterráneo. También está la tal constituida por siete pisos que gravitan sobre los hombros de un genni  dotado de una fuerza maravillosa. Este genni está de pie encima de una roca que descansa a lomos de un toro; al toro lo sostiene un pez enorme, y el pez nada en la superficie del Mar de la Eternidad.
"El Mar de la Eternidad tiene por lecho el piso superior del infierno, el cual, con sus siete regiones, está cogido entre las fauces de una serpiente monstruosa que permanecerá quieta hasta el día del Juicio.
"Entonces vomitarán sus fauces el infierno y su contenido en presencia del Altísimo, que dictará sentencia de un modo definitivo. "He aquí ¡oh Belukia!...
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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