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18 P2 Historia de Grano-de-Belleza - Segunda de tres partes

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18 Historia de Grano-de-Belleza





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Pero cuando llegó la 259ª noche

Ella dijo:
... Cuando Grano-de-Belleza se enteró bien de las intenciones del Bilateral y comprendió su petición, levantose inmediatamente y le dijo: ¡No, por Alah! ¡No vendo esa mercancía! ¡De todos modos, para que te consueles, te diré que si a los demás se la vendiese por dinero, a ti te la daría de balde!"
Y a pesar de las súplicas del Bilateral, Grano de-Belleza no quiso permanecer un momento más en la tienda; salió de ella bruscamente, y volvió en seguida al campamento, donde, harto inquieto, aguardaba su regreso el mokaddem.
Y cuando Kamal vió entrar a Grano-de-Belleza con aquel aspecto extraño, le preguntó: "¡Por Alah! ¿Qué ha pasado?" El otro respondió: "¡Pues absolutamente nada! ¡Pero tenemos que levantar el campamento en seguida e irnos a Bagdad, porque en lo sucesivo no quiero viajar con el Bilateral!; tiene pretensiones exageradas y muy molestas!"
El jeique de los camelleros dijo: "¿No te lo había dicho ya, hijo mío? Pero he de advertirte que sería muy peligroso viajar solos. Más vale seguir en una sola caravana, como estamos ahora, para poder resistir los ataques de los bandoleros beduinos que infestan estas tierras". Pero Grano-de-Belleza no quiso hacer caso, y dió la orden de marcha.
Por consiguiente, la pequeña caravana se puso en camino sola y no dejó de viajar del mismo modo, hasta que un día, a la puesta del sol, llegó a pocas millas de las puertas de Bagdad.
El mokaddem de los camelleros fué a buscar entonces a Grano-de. Belleza y le dijo: "Mejor será hijo mío, seguir hasta Bagdad esta misma noche, sin detenernos a acampar aquí. ¡Porque el lugar en que estamos es el más peligroso de todo el viaje! ¡Es el valle de los Perros! ¡Hay gran riesgo de que nos ataquen si permanecemos aquí durante la noche! ¡Apresurémonos, pues, a llegar a Bagdad antes de que cierren las puertas! ¡Porque has de saber, hijo mío, que el califa manda cerrar todas las noches las puertas de la ciudad con el fin de impedir que las hordas fanáticas entren a escondidas y se apoderen de los libros de la ciencia y de los manuscritos literarios encerrados en las salas de las escuelas, arrojándolos luego al Tigris!".
Grano-de-Belleza, a quien no complacía la proposición, contestó: "¡No, por Alah! ¡No quiero entrar de noche en la ciudad, porque deseo gozar del espectáculo de Bagdad al salir el sol! ¡Pasemos, pues, la noche aquí, ya que no tengo prisa ni viajo para negociar, sino por recreo, y para ver lo que no conozco!" Y el anciano mokaddem tuvo que inclinarse, aunque deplorando la peligrosa terquedad del hijo de Schamseddin.
En cuanto a Grano-de-Belleza, tomó un bocado, y después, cuando los esclavos fueron a acostarse, salió de la tienda, apartose un poco por el valle, y fué a sentarse junto a un árbol a la luz de la luna. Y se acordó de las lecturas de sus maestros en el subterráneo, e inspirado por lugar tan propicio a la meditación empezó este canto del poeta:
¡Reina del Irak, deliciosamente bella! ¡Oh Bagdad, ciudad de los califas y poetas! ¡Cuánto tiempo, ¡oh maravilla! soñé contigo!
Pero súbitamente, antes de terminar la primera estrofa, oyó a su izquierda un clamor espantable, y galopar de caballos, y exclamaciones de cien bocas a un tiempo, y al volverse vió invadido el campamento por un numeroso tropel de beduinos que surgían por todas partes como si salieran de debajo de la tierra.
Aquel espectáculo tan nuevo para él le dejó clavado en el suelo, y así pudo ver la matanza general de la caravana, que había querido defenderse, y el saqueo de todo el campamento. Y cuando los beduinos comprobaron que nadie quedaba en pie, se apoderaron de camellos y mulos, y en un momento desaparecieron por donde habían venido. Al disiparse un tanto la estupefacción que le había dominado, Grano-de-Belleza bajó hacia el sitio en que se encontraba su campamento y pudo ver asesinada a toda su gente. Y ni el jeique Kamal, mokaddem de los camelleros, a pesar de su edad respetable, había sido tratado mejor que los demás, y yacía muerto, atravesado el pecho por numerosas lanzadas. Así es que Grano-de-Belleza no supo soportar la vista de espectáculo tan aterrador, y emprendió la fuga, sin atreverse a mirar hacia atrás.
De tal modo corriendo toda la noche, y para no excitar la codicia de algún otro bandido, se despojó completamente de su rico traje, que arrojó a lo lejos y no se quedó más que con la camisa. Y así, medio desnudo, entró en Bagdad al amanecer. Entonces, rendido de cansancio y sin poder tenerse en pie, se paró delante de la primera fuente pública que se le presentó a la entrada de la población. Se lavó las manos, la cara y los pies; subió a la plataforma que coronaba la fuente, se tendió en ella a lo largo, y no tardó en dormirse.
En cuanto a Mahmud-el-Bilateral, también se había puesto en camino, pero había tomado un atajo por otra parte, y pudo evitar el encuentro con los bandidos; y además, llegó a las puertas de Bagdad precisamente cuando Grano-de-Belleza las atravesaba y se dormía en la fuente.
Al pasar por cerca de aquella fuente, el Bilateral se acercó al abrevadero de piedra lleno de agua para los animales, y quiso que bebiera en él su caballo sediento. Pero el animal vió la sombra que proyectaba el adolescente dormido, y retrocedió resollando. Entonces el Bilateral levantó los ojos hacia la plataforma, y le faltó poco para caerse del caballo al reconocer a Grano-de-Belleza en aquel joven medio desnudo que en la piedra dormía...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y discretamente, se calló.


Pero cuando llegó la 260ª noche

Ella dijo:
... al reconocer a Grano-de-Belleza en aquel joven medio desnudo que en la piedra dormía.
Enseguida se apeó del caballo, se encaramó a la plataforma, y quedó inmóvil de admiración ante Grano-de-Belleza tendido, cuya cabeza reposaba sobre un brazo, en la languidez del sueño. Y por primera vez le fué dable al fin contemplar sin velos las perfecciones de aquel cuerpo juvenil y cristalino, en que los lunares oscuros resaltaban de tan hermosa manera sobre la blancura de lo demás. Y no se le alcanzaba por qué casualidad encontraba en su camino, y dormido en aquella fuente, a aquel ángel, por amor al cual había él emprendido su viaje. Y no llegaba a separar sus miradas del lunarcillo, redondo como un grano de almizcle, que adornaba la nalga izquierda del muchacho, descubierta en aquel momento. Y sin saber qué resolución tomar, decía para sí: "¿Qué será mejor? ¿Despertarle? ¿Llevármelo en mi caballo como está y huir con él al desierto? ¿Aguardar que se despierte, hablarle, enternecerle y decirle que me acompañe a mi casa de Bagdad?"
Acabó por tomar esta última determinación, y sentándose a los pies del joven en el reborde de la fuente, aguardó a que se despertase, bañándose los ojos en toda la limpidez sonrosada que el sol ponía en aquel cuerpo infantil.
Harto ya de dormir, Grano-de-Belleza, estiró las piernas y abrió os ojos, y en el mismo instante Mahmud le cogió la mano, y con voz muy suave le dijo: "¡No tengas miedo niño; estás bien seguro a mi lado! ¡Pero apresúrate, por favor, a explicarme la causa de todo esto!"
Entonces Grano-de-Belleza se incorporó, y aunque un tanto molesto por la presencia de su admirador, le contó la aventura con todos sus pormenores. Y Mahmud le dijo: "¡Loor a Alah, mi joven amigo, que te ha arrebatado la fortuna, pero te ha conservado la vida! Porque dice el poeta:
¡Cuando la cabeza se salva, la fortuna perdida sólo es una recortadura de uña sacada sin hacer daño!
"Además, ni siquiera la fortuna se ha perdido, pues cuanto poseo te pertenece. Ven conmigo a casa a bañarte y vestirte, y desde este momento puedes considerar todos los bienes de Mahmud como tuyos propios, y la vida de Mahmud está a tu disposición". Y siguió hablando tan paternalmente a Grano-de-Belleza, que le decidió a acompañarle. Bajó primeramente, y le ayudó enseguida a ponerse detrás de él en el caballo, y encaminose hacia su casa estremeciéndose de placer al contacto del cuerpo caliente y desnudo del muchacho que se cogía a Mahmud para sujetarse.
Su primera diligencia fué llevar a Grano-de-Belleza al hammam y bañarlo así, sin auxilio de masajistas ni ningún otro criado, y después de haberlo vestido con un traje de gran valor lo llevó a la sala en que solía recibir a sus amigos.
Era un salón de frescura y sombra deliciosa, alumbrado únicamente por los hermosos reflejos de esmaltes y porcelanas y por el centelleo que desde arriba caía de las estrellas. Un olor a incienso arrebataba y transportaba el alma hacia soñados jardines de alcanfor y cinamomo.
En el centro cantaba el surtidor de una fuente. Perfecto y seguro era allí el reposo, y podía llegarse hasta el éxtasis.
Sentaron se ambos en la alfombra, y Mahmud brindó a Grano-de-Belleza un almohadón para apoyar los brazos. Comieron los manjares que en bandejas se les sirvieron, y bebieron los vinos selectos que encerraban los frascos. En aquel momento, el Bilateral, que hasta entonces no se había mostrado muy atrevido, no pudo contenerse más, y estalló recitando esta estrofa del poeta:
¡Deseo! ¡Ni las caricias delicadas de los ojos ni el beso de los labios puros pueden apaciguarte! ¡Oh deseo mío! ¡Sientes gravitar sobre ti el peso de una pasión que no ha de calmarse hasta que brote!

Pero Grano-de-Belleza, que acostumbrado ya a los versos del Bilateral advertía con facilidad su sentido, a veces oscuro, se levantó inmediatamente y dijo a su huésped: "En verdad que no comprendo tu insistencia sobre lo mismo. No puedo hacer más que repetirte lo que ya te dije. El día en que venda a otros esa mercancía por dinero, a ti te la daré de balde". Y sin querer atender a otras explicaciones del Bilateral, le dejó bruscamente y se fué.
Al verse fuera, empezó a vagar por la ciudad. Pero ya había oscurecido, y como siendo forastero en Bagdad no sabía adónde dirigirse, resolvió pasar la noche en una mezquita que vió en el camino. Entró, pues, en el patio, y al ir a quitarse las sandalias para penetrar en el interior de la mezquita, vió que se le acercaban dos hombres precedidos por sus esclavos, que iban con linternas encendidas. Se apartó para dejarles pasar; pero el más viejo de los dos se paró delante de él, y después de mirarle con mucha atención, le dijo: "¡La paz contigo!" Y Grano-de-Belleza le devolvió el saludo.
El otro añadió: "¿Eres forastero, hijo mío?" El joven contestó: "Soy de El Cairo. Mi padre es Schamseddin, síndico de los mercaderes".
Al oír estas palabras, el anciano se volvió hacia su compañero y le dijo: "¡Alah nos favorece más de lo que deseábamos! ¡No esperábamos encontrar tan pronto al forastero que buscábamos y ha de sacarnos del apuro...!
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


Pero cuando llegó la 261ª noche

Ella dijo:
"...al forastero que buscábamos y ha de sacarnos del apuro!" Luego llamó aparte a Grano-de-Belleza, y le dijo: "¡Bendito sea Alah, que te ha colocado en nuestro camino! Vamos a pedirte un favor que retribuiremos liberalmente dándote cinco mil dinares, efectos por valor de mil dinares y un caballo de mil dinares. ¡Verás!
"No ignoras, hijo mío, que, según nuestra ley, cuando un musulmán ha repudiado por primera vez a su esposa, puede recobrarla sin formalidades a los tres meses y diez días; y si se divorcia por segunda vez, también puede recuperarla después del plazo legal; pero si la repudia por tercera vez, o si, aun no habiéndola repudiado nunca le dice sencillamente: "¡Quedas repudiada por tres veces!" o "¡Ya no eres nada para mí, lo juro por el tercer divorcio!", en ese caso, si el esposo quiere volver otra vez con su esposa, la ley determina que otro empiece por casarse legalmente con la mujer repudiada, y a su vez la repudie después de haberse acostado con ella aunque sólo sea una noche. Y entonces es cuando el primer esposo la puede recobrar como mujer legítima.
"Pues ése es el caso del joven que está conmigo. El otro día se dejó llevar de un acceso de mal humor y le gritó a su esposa, que es hija mía: "¡Sal de mi casa! ¡Ya no te conozco! ¡Te repudio por tres veces!" Y enseguida mi hija, que es su esposa, se echó el velo por la cara delante de su esposo, que era ya un extraño para ella, recogió su dote y volvió el mismo día a mi casa. Pero ahora su marido, que es éste, desea ardientemente recobrarla Ha venido a besarme las manos y a rogarme que le reconciliara con su esposa. Y yo he accedido a ella. Y enseguida hemos salido en busca del hombre que le ha de servir de sucesor momentáneo una noche. Y a la sazón te hemos encontrado, hijo mío. Como eres forastero, las cosas se harán en secreto, sólo en presencia del kadí, y no trascenderá nada al exterior".
El estado de indigencia en que se encontraba Grano-de-Belleza le hizo aceptar de buena gana la proposición, y dijo para sí: "Voy a cobrar cinco mil dinares, y tomar efectos por valor de mil dinares, y un caballo de mil dinares, y además voy a fornicar toda la noche. ¡Por Alah! ¡Acepto!" Y dijo a los dos hombres, que aguardaban con ansiedad la respuesta: "¡Por Alah! ¡Acepto el cargo de Desligador!"
Entonces el esposo de la repudiada, que todavía no había hablado, se volvió hacia Grano-de-Belleza y le dijo: "¡Nos sacas de un gran apuro, porque he de manifestarte que amo a mi esposa extremadamente! Pero temo que mañana por la mañana sea muy de tu gusto mi esposa, no quieras repudiarla y te niegues a devolvérmela. La ley, en ese caso, te favorece. Por lo tanto, ahora, delante del kadí, te comprometerás a entregarme diez mil dinares de indemnización si por desgracia no quisieras consentir en divorciarte al día siguiente". Y Grano-de-Belleza aceptó la condición, por estar resuelto a no dormir más que una noche con la mujer consabida.
Fueron pues, los tres a casa del kadí, y ante él formalizaron el contrato en las condiciones legales. Y el kadí se entusiasmó al ver a Grano-de-Belleza y le amó mucho. Y ya volveremos a encontrarle en el curso de esta historia.
Y hecho el contrato salieron de la oficina del kadí, y el padre de la divorciada se llevó a Grano-de-Belleza y le hizo entrar en su casa. Le rogó que esperara en el vestíbulo, y enseguida fué a avisar a su hija, diciéndole: "Querida hija, he encontrado un muchacho muy bien formado, y que, a mi parecer, te ha de gustar. Te lo recomiendo con todo el encarecimiento de la recomendación. Pasa con él una noche encantadora y no te prives de nada. ¡No todas las noches se puede tener en brazos un mozo tan maravilloso!" Y habiendo aconsejado a su hija de tal modo, el buen padre se fué muy contento a buscar a Grano-de-Belleza para decirle lo mismo. Y le rogó que aguardara un poco a que su nueva esposa se preparase a recibirle.
En cuanto al primer esposo, fué a buscar inmediatamente a una vieja muy taimada que le había criado, y le dijo: "Te ruego, buena madre, que imagines algún recurso para evitar que el Desligador que hemos encontrado se acerque esta noche a mi mujer divorciada". Y la vieja contestó: "¡Por tu vida! ¡Nada hay más fácil!" Y se envolvió en su velo...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


Pero cuando llegó la 262ª noche

Ella dijo:
...Y se envolvió en su velo y fué a casa de la divorciada, en donde vio a Grano-de-Belleza en el vestíbulo. Le saludó, y le dijo: "Vengo a buscar a la joven divorciada, para untarle el cuerpo con pomadas, Si como hago todos los días, a fin de curarle la lepra que la ha atacado. ¡Pobre mujer!"
Y Grano-de-Belleza exclamó: "¡Alah me libre! ¡Cómo, buena mujer! ¿Esa joven está enferma de lepra? ¡Y yo que tenía que acostarme con ella esta noche! Porque soy el Desligador elegido por su anterior esposo". Y la vieja contestó: "¡Oh hijo mío, preserve Alah tu hermosa juventud! ¡Créeme! ¡Harás bien en abstenerte de copular!" Y le dejó confuso, y entró a ver a la divorciada, a la cual convenció de lo mismo respecto al joven que había de servir de Desligador. Y le aconsejó la abstinencia para evitar el contagio. Y después se marchó.
En cuanto a Grano-de-Belleza, siguió esperando una seña de la joven para entrar en su aposento. Pero aguardó mucho tiempo sin que se presentase más que un esclavo con una fuente de comida. Comió y bebió, y luego, para matar el tiempo, recitó una sura del Corán, y después empezó a tararear algunas estrofas con voz más suave que la del joven David en presencia de Saúl.
Cuando la joven oyó desde dentro aquella voz, pensó: "¿Cómo habrá mentido esa malhadada vieja? ¿Puede un leproso tener voz tan hermosa? ¡Por Alah! Voy a llamarle y a enterarme por mí misma si la vieja ha mentido. Pero antes voy a contestarle". Y cogió un laúd indio, que templó sabiamente, y con voz capaz de parar el vuelo de las aves en el fondo del cielo, cantó:
¡Amo a un gamo joven de dulces ojos lánguidos! ¡Es tan esbelta su cintura, que las ramas flexibles aprenden a ondular viéndole balancearse!
Cuando Grano-de-Belleza oyó las primeras notas de aquel canto, dejó de tararear y escuchó con entusiástica atención. Y dijo para sí: "¿Qué me decía la vieja vendedora de pomadas? ¡Por Alah! ¡Ha debido mentir! ¡Tan bella voz no puede ser de una leprosa!" Y enseguida, tomando el tono de las últimas notas que acababa de oír cantó con voz capaz de hacer bailar a los peñascos:
¡Mi saludo va hacia la fina gacela que se oculta del cazador, y lleva mi tributo a las rosas dispersas por el vergel de sus mejillas!
Y dijo aquello con tal acento, que la joven, seducida por la emoción, corrió a descorrer las cortinas que la separaban del mancebo, y se ofreció a su vista como la luna que súbitamente se desprende de una nube; le hizo seña de que entrara en seguida, y le precedió moviendo las caderas de tal modo, que habría puesto en pie a un anciano impedido. Y Grano-de-Belleza se asombró de su hermosura, de su lozanía y de su juventud. Pero no se atrevía a acercarse a ella, asediado por el temor del posible contagio.
Mas de pronto la joven, sin decir palabra, en un momento se quitó la camisa y el calzón, que tiró a lo lejos, y se le apareció completamente desnuda, tan limpia como la plata virgen, y tan firme y esbelta como el tronco de una palmera tierna.
A su vista, Grano-de-Belleza notó que se le movía la herencia de su venerable padre, el niño encantador que llevaba entre los muslos. Y como percibía distintamente su apremiante llamamiento, quiso entregarlo, para que se tranquilizase, a la joven, que debía de saber en dónde colocarlo. Pero ella le dijo: "¡No te acerques! ¡Temo que me pegues la lepra que tienes en el cuerpo!"
Al oír estas palabras, Grano-de-Belleza, sin contestar, se quitó toda la ropa, y después la camisa y los calzones, que tiró lejos, y apareció en perfecta desnudez, tan límpido como el agua de sierra y tan intacto como el ojo de un niño.
Entonces la joven ya no dudó de que la vieja alcahueta había empleado una estratagema, a instigación de su primer esposo, y deslumbrada por los hechizos del joven, corrió a él, le envolvió en sus brazos, y le arrastró a la cama, en la cual cayeron juntos. Y jadeante de deseo, le dijo: "¡Prueba tus fuerzas, ¡oh jeique Zacarías! padre potente de nervios gordos!"
Ante aquel llamamiento tan formal, Grano-de-Belleza cogió por las caderas a la joven, y asestó el robusto y dulce nervio en dirección a la puerta de los triunfos y empujándolo hacia el corredor de cristal, lo hizo llegar rápidamente a la puerta de las victorias. Después lo desvió del camino real, y lo impulsó con brío por el atajo hacia la puerta del montador; pero como el nervio vacilaba ante lo angosto de aquella puerta amurallada, forzó el paso desfondando la tapa del tarro, y se encontró entonces en su casa, como si el arquitecto hubiera tomado las medidas por ambos lados a la vez. Luego siguió su excursión, visitando lentamente el zoco del lunes, el mercado del martes, el bazar del miércoles, y los puestos del jueves. Y habiendo desatado así todo que tenía que desatar, descansó, como buen musulmán, a la entrada del viernes.
Y tal fué el viaje de prueba de Grano-de-Belleza y de su niño por el jardín de la muchacha...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


Pero cuando llegó la 263ª noche

Ella dijo:
...Y tal fué el viaje de prueba de Grano-de-Belleza y de su niño por el jardín de la muchacha.
Tras de lo cual, Grano-de-Belleza, con su niño aletargado de felicidad, se enlazó tiernamente a la joven de los arriates devastados, y los tres se durmieron hasta por la mañana.
Despertado ya, Grano-de-Belleza preguntó a su esposa transitoria: "¿Cómo te llamas, corazón mío?" Ella contestó: "Zobeida". Y él le dijo: "¡Pues bien, Zobeida, me duele mucho el verme obligado a dejarte!" Y ella le preguntó, conmovida: "¿Y por qué me has de dejar?" Le contestó: "¡Ya sabes que no soy más que Desligador!" Ella exclamó: "¡No por Alah! ¡Se me había olvidado! ¡Y en mi dicha me figuraba que eras un regalo maravilloso que me hacía mi buen padre para reemplazar al otro!" Y él le dijo: "¡Pues sí, encantadora Zobeida, soy un Desligador elegido por tu padre y tu primer esposo! Y previendo una mala voluntad por mi parte, ambos han cuidado de hacerme firmar un contrato ante el kadí, que me obliga a pagarles diez mil dinares si esta mañana no te repudio. ¡Y no sé cómo voy a pagarles esa cantidad fabulosa, no teniendo ni un dracma en el bolsillo! Mejor será, pues, que me marche si no quiero ir a la cárcel, puesto que soy insolvente".
Al oír tales palabras, la joven Zobeida reflexionó un instante, y después, besando los ojos al joven, le preguntó: "¿Cómo te llamas, ojos míos?" El contestó: "Grano-de-Belleza".
Ella exclamó: "¡Ya Alah! ¡Nunca ha habido nombre mejor puesto! Pues bien, querido mío, ¡oh Grano-de-Belleza! como prefiero a todo el azúcar cande ese delicioso nervio blanco y sabroso con que has endulzado mi jardín durante toda la noche, te juro que encontraremos un recurso para no separarnos jamás, pues prefiero morir a pertenecer a otro después de haberte probado". El le preguntó: "¿Y cómo haremos?" Ella dijo: "Es muy sencillo. Verás. Pronto vendrá mi padre a buscarte y te llevará a casa del kadí para cumplir las estipulaciones del contrato. Entonces te aproximarás gentilmente al kadí y, le dirás: "¡no quiero divorciarme!" Y te preguntará "¡Cómo! ¿Rechazas los cinco mil dinares que van a darte, y los efectos por valor de mil dinares y el caballo de mil dinares, por seguir con una mujer?" Tú contestarás: "¡Entiendo que cada cabello de esa mujer vale diez mil dinares! Por eso conservo a la propietaria de ten preciada cabellera". Entonces el kadí te dirá: "¡Estás en tu derecho! Pero vas a pagar al primer esposo, en compensación, la cantidad de diez mil dinares".
"¡Ahora, querido mío, escucha bien lo que voy a decirte!"
"El anciano kadí, por lo demás hombre excelente, gusta con delirio de los muchachos. ¡Y estoy segura de que le has causado ya una gran impresión!"
Grano-de-Belleza exclamó: "¿De modo que crees que también el kadí es bilateral?" Zobeida se echó a reír y dijo: "¡Cierto que sí! ¿Por qué te asombra tanto eso?"
Y él dijo: "Está escrito que toda su vida Grano-de-Belleza ha de ir de un bilateral a otro. ¡Pero, ¡oh sutil Zobeida! te ruego que sigas desarrollando tu plan! Decías que el anciano kadí, por lo demás hombre excelente, gusta con delirio de los muchachos. ¡No me irás a aconsejar que le venda mi mercancía!" Ella dijo: "¡No! Ya verás".
Y prosiguió: "Cuando el kadí te haya dicho: "¡Hay que pagar los diez mil dinares!", le mirarás así, de cierta manera, y moverás las caderas gentilmente, no de un modo excesivo, pero sí de manera que le liquides de emoción en la alfombra. Y sin duda te dará un plazo para saldar la deuda. ¡Y de aquí a entonces, Alah proveerá!"
Oídas estas palabras, Grano-de-Belleza reflexionó un instante, y dijo: "¡Lo intentaré!"
En aquel mismo momento una esclava, desde detrás del tapiz, alzó la voz y dijo: "¡Ama Zobeida, ahí está tu padre aguardando a mi amo!
Entonces Grano-de-Belleza se levantó, se vistió a escape y fué a buscar al padre de Zobeida. Y ambos, después de habérseles unido en la calle el primer marido, fueron a la oficina del kadí.
Y las previsiones de Zobeida se realizaron al pie de la letra. Pero también hay que decir que Grano-de-Belleza cuidó de seguir escrupulosamente las preciosas indicaciones que ella le había dado.
Y el kadí, absolutamente aniquilado por las miradas al soslayo que le dirigía Grano-de-Belleza, no sólo concedió el aplazamiento de tres días que reclamaba modestamente el joven, sino que terminó su sentencia en esta forma: "Nuestras leyes religiosas y nuestra jurisprudencia no pueden hacer obligatorio el divorcio. Y nuestros cuatro ritos ortodoxos están completamente de acuerdo en este punto. Por otra parte, el Desligador, convertido en marido de derecho, se aprovecha de un aplazamiento, dada su condición de forastero. Le otorgamos, pues, diez días para saldar la deuda".
Entonces Grano-de-Belleza besó respetuosamente la mano del kadí, que decía para sí: "¡Por Alah! ¡Este hermoso adolescente bien vale diez mil dinares! ¡Yo mismo se los anticiparía de buena gana!"
Después Grano-de-Belleza se despidió afablemente y corrió a buscar a su esposa, la sagaz Zobeida...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


Pero cuando llegó la 264ª noche

Ella dijo:
...afablemente y corrió a buscar a su esposa, la sagaz Zobeida. Y Zobeida, iluminado el rostro por el júbilo, recibió a Grano-de-Belleza felicitándole por el resultado obtenido, y le dió cien dinares para que preparase para ambos un banquete que durase toda la noche. Y Grano-de-Belleza, con el dinero de su mujer, mandó preparar enseguida el festín consabido. Y ambos se pusieron a comer y beber hasta saciarse. Y entonces, alegres hasta el límite de la alegría, copularon de una manera prolongada. Y después, para descansar, fueron a la sala de recepciones, encendieron las luces y organizaron entre los dos un concierto capaz de hacer bailar a las rocas y suspender el vuelo de los pájaros en el fondo del cielo.
No es de extrañar, por lo tanto, que de improviso se oyeran golpes dados en la puerta exterior de la casa. Y Zobeida, que fué la primera en oírlos, dijo a Grano-de-Belleza: "Ve a ver quién llama a la puerta". Y Grano-de-Belleza fué enseguida a abrir.
Ahora bien; aquella noche, el califa Harún Al-Raschid, sintiendo oprimido el pecho, había dicho a su visir Giafar, a su portaalfanje Massrur y a su poeta favorito el delicioso Abu-Nowas: "Me siento con el pecho algo oprimido. ¡Vamos a pasearnos un poco por las calles de Bagdad, a ver si se nos dilatan los humores!" Y los cuatro se habían disfrazado de derviches persas y se habían puesto a recorrer las calles de Bagdad, esperando dar con alguna entretenida aventura. Y así habían llegado delante de la casa de Zobeida, y al oír cantar y tañer instrumentos, habían llamado a la puerta, según costumbre de los derviches.
Cuando les vió Granó-de-Belleza, como no ignoraba los deberes de la hospitalidad, y además estaba en excelentes disposiciones, les recibió cordialmente, les introdujo en el vestíbulo y les dió de comer. Pero ellos rechazaron el alimento, diciendo: "¡Por Alah! ¡Los espíritus delicados no necesitan mucho alimento para regocijar los sentidos! Se contentan con la armonía. Y precisamente estamos viendo que los acordes que oíamos desde fuera se han callado al entrar nosotros. ¿Será una cantora de profesión la que cantaba tan maravillosamente?"
Grano-de-Belleza contestó: "¡No, señores, era mi propia mujer!" Y les contó su historia, desde el principio hasta el fin, sin omitir un detalle.
Entonces, el jefe de los derviches, que era el mismo califa, dijo a Grano-de-Belleza, que le parecía todo lo delicioso posible y por el cual sintió súbito afecto: "Hijo mío, puedes tranquilizarte respecto a los diez mil dinares que debes al ex marido de tu esposa. Soy el jefe de la tekké de los derviches de Bagdad, que cuenta con cuarenta miembros, y gracias a Alah estamos acomodados; diez mil dinares no constituyen para nosotros ningún sacrificio. Te prometo que los tendrás antes de diez días. Pero ve a rogar a tu esposa que cante algo desde detrás del tapiz para exaltarnos el alma. Porque la música, hijo mío, le sirve a unos de comida, a otros de remedio y a otros de abanico; pero para nosotros es las tres cosas a un tiempo".
Grano-de-Belleza no se hizo rogar más, y su esposa Zobeida se avino a cantar para los derviches; de modo que el júbilo de éstos fué extremado, y pasaron una noche deliciosa, ya escuchando el canto y contestando: "¡Ah! ¡Ah!" con toda su alma, ya conversando agradablemente, ya oyendo las chistosas improvisaciones del poeta Abu-Nowas, a quien la belleza del muchacho hacía delirar hasta el límite del delirio.
Al amanecer se levantaron los falsos derviches, y el califa, antes de irse, colocó debajo del almohadón en que estaba apoyado un bolsillo con cien dinares de oro, para empezar, y que eran los únicos que en aquel momento llevaba encima. Después se despidieron del joven huésped, dándole las gracias por boca de Abu-Nowas, que le improvisó versos exquisitos y se prometió por dentro no perderle de vista.
Hacia el mediodía, Grano-de-Belleza, a quien Zobeida había entregado los cien dinares de oro encontrados debajo del almohadón, quiso salir para ir al zoco a hacer unas compras, cuando al abrir la puerta vió parados delante de la casa cincuenta mulos pesadamente cargados de fardos de telas, y en una mula ricamente enjaezada, a un joven esclavo abisinio, de facciones encantadoras y cuerpo moreno, que llevaba en la mano una misiva enrollada.
Al ver a Grano-de-Belleza, el gentil esclavillo se apeó rápidamente, besó la tierra delante del joven, y entregándole la misiva, le dijo: "¡Oh mi señor Grano-de-Belleza! Acabo de llegar ahora mismo de El Cairo, enviado a ti por tu padre, mi amo Schamseddin, síndico de los mercaderes de la ciudad. Te traigo cincuenta mil dinares en mercaderías de valor y un paquete que encierra un regalo de tu padre dedicado a tu esposa Sett Zobeida, y compuesto de una jarra de oro enriquecida con pedrería y una jofaina de oro cincelado...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


Pero cuando llegó la 265ª noche

Ella dijo:
"... y compuesto de una jarra de oro enriquecida con pedrería y una jofaina de oro cincelado".
Grano-de-Belleza quedó tan sorprendido y contento a la vez con aquel suceso milagroso, que no pensó en un principio más que en enterarse del contenido de la carta. La abrió, y leyó lo que sigue:
"Después de los deseos más completos de dicha y salud de parte de Schamseddin a su hijo Alaeddin Grano-de-Belleza:
"Sabe, ¡oh hijo amado! que el rumor del desastre sufrido por tu caravana y la pérdida de tus bienes ha llegado hasta mi. Enseguida te he mandado preparar una nueva caravana de cincuenta mulos cargados de mercaderías por valor de cincuenta mil dinares de oro. Además, tu madre te envía un traje precioso que ha bordado ella misma, y como regalo para tu esposa un jarro y una jofaina, que nos atrevemos a esperar que le gusten.
"Efectivamente, supimos con cierto asombro que has servido de Desligador en un divorcio ligado por la fórmula de la Repudiación por Tres. Pero ya que la mujer resulta a gusto tuyo después de la prueba, has hecho bien en conservarla. Y así, las mercancías que te enviamos bajo la custodia del pequeño abisinio Salim servirán muy holgadamente para pagar los diez mil dinares que debes como indemnización al primer marido.
"Tu madre y todos los nuestros están contentos y sanos, esperando tu próxima vuelta, y te envían sus zalemas afectuosas y la mayor expresión de ternura.”
"¡Vive dichoso largo tiempo!"

Esta carta y la llegada inesperada de aquellas riquezas alborotaron de tal modo a Grano-de-Belleza, que no pensó ni por un instante en lo inverosímil del suceso. Subió a las habitaciones de su esposa y la enteró de lo ocurrido.
Aun no había terminado sus explicaciones, cuando llamaron a la puerta, y el padre de Zobeida y el primer marido entraron en el vestíbulo. Iban a tratar de convencer a Grano-de-Belleza de que se divorciara amistosamente.
Y el padre de Zobeida dijo a Grano-de-Belleza: "¡Hijo mío, ten piedad de mi primer yerno, que quiere mucho a su ex esposa! Alah te ha enviado riquezas que te permitirán comprar las esclavas más bellas del mercado, y casarte también, en legítimas nupcias, con la hija del más importante de los emires. ¡Devuelve, pues, a ese pobre hombre su ex esposa, y él consentirá en ser tu esclavo!"
Pero Grano-de-Belleza contestó: "Precisamente me ha enviado Alah todas esas riquezas para remunerar con liberalidad a mi antecesor. Dispuesto estoy a darle los cincuenta mulos con sus mercancías y hasta el lindo esclavo abisinio Salim, y a no conservar de todo ello más que el regalo destinado a mi esposa, o sea el jarrón y la jofaina". Y añadió: "Y si tu hija Zobeida consiente en volver con su anterior esposo, estoy conforme con desligarla".
Entonces el padre entró en el aposento de Zobeida y le preguntó: "¿Qué? ¿Consientes en volver con tu anterior marido?" Y ella respondió, haciendo grandes gestos: "¡Ya Alah! ¡Ya Alah! Si nunca supo el valor de los arriates de mi jardín y siempre se paró a mitad del camino. ¡No, por Alah! ¡Me quedo con el joven que me ha explorado en todos sentidos!"
Cuando el primer esposo se cercioró de que había de perder toda esperanza, le entró tal pena, que le estalló el hígado en el acto, y murió. En cuanto a Grano-de-Belleza, siguió gozando con la encantadora y sagaz Zobeida; y todas las noches, después del banquete y de múltiples copulaciones y cosas semejantes, organizaba con ella un concierto capaz de hacer bailar a los peñascos y de suspender en el fondo del cielo el vuelo de las aves.
A los diez días de casado, recordó de pronto la promesa que le había hecho el jefe de los derviches de enviarle los diez mil dinares, y dijo a su esposa: "¡Mira qué jefe de embusteros! ¡Si hubiera yo tenido que esperar la realización de su promesa, me habría muerto de hambre en la cárcel! ¡Por Alah! ¡Como le encuentre otra vez, le diré lo que pienso de su mala fe!"
Y después, como iba anocheciendo, mandó encender las luces de la sala de recepciones, y se disponía a organizar el concierto, como todas las noches, cuando llamaron a la puerta. Quiso ir a abrir él mismo, y no se sorprendió poco al ver a los cuatro derviches de la primera noche. Se echó a reír en su cara, y les dijo: "¡Bienvenidos sean estos embusteros, hombres de mala fe! Pero, de todos modos, os invito a entrar, pues Alah me ha librado de tener en adelante necesidad de vuestros favores. ¡Y además, aunque embusteros e hipócritas, sois muy agradables y bien educados!" Y les introdujo en el salón de recepciones, y rogó a Zobeida que les cantara algo desde detrás del tapiz. Y ella lo hizo de manera capaz de arrebatar la razón, de hacer bailar a las piedras y de suspender en el fondo del cielo el vuelo de las aves.
En un momento dado, el jefe de los derviches se levantó y se ausentó para evacuar una necesidad.
Entonces, uno de los falsos derviches, que era el poeta Abu-Nowas, se inclinó hacia el oído de Grano-de-Belleza, y le dijo...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


Pero cuando llegó la 266ª noche

Ella dijo:
... el poeta Abu-Nowas, se inclinó hacia el oído de Grano-de-Belleza, y le dijo: "¡Oh encantador huésped nuestro! permíteme que te dirija una pregunta. ¿Cómo has podido creer un momento que tu padre Schamseddin te enviara los cincuenta mulos cargados de riquezas? ¡Vamos a ver! ¿Cuántos días se necesitan para ir a El Cairo desde Bagdad?"
El otro contestó: "Cuarenta y cinco". Abu-Nowas preguntó: "¿Y para volver?" El otro contestó: "Otros cuarenta y cinco lo menos". Abu-Nowas se echó a reír y dijo: "¿Y cómo quieres que en menos de diez días tu padre haya averiguado la pérdida de la caravana y haya podido mandarte la segunda?"
Grano-de-Belleza exclamó: "¡Por Alah! ¡Mi alegría fué tan grande; que no me dió tiempo de pensar todo eso! Pero dime, entonces, ¡oh derviche! ¿Quién ha escrito la carta? ¿De dónde procede el envío?" Abu-Nowas contestó: "¡Ah Grano-de-Belleza! ¡Si fueras tan perspicaz como hermoso, hace tiempo que habrías adivinado que nuestro jefe, con su traje de derviche, es nuestro amo el califa, el Emir de los Creyentes, Harún Al-Raschid, y el segundo derviche, el sabio visir Giafar el Barmecida, y el tercero, el portaalfanje Massrur, y yo mismo, tu esclavo y admirador, Abu-Nowas, sencillamente poeta!"
Oídas estas palabras, Grano-de-Belleza llegó al límite de la sorpresa y de la confusión, y preguntó tímidamente: "Pero, ¡oh gran poeta Abu-Nowas! ¿Cuál es el mérito que me ha traído tantos beneficios del califa?" Abu-Nowas sonrió, y dijo: "¡Tu hermosura!" Y añadió: "A sus ojos, el mérito mayor es ser joven, simpático y hermoso. Y se le figura que nunca es caro comprar el espectáculo de un ser bello y el ver un rostro lindo"
A todo esto el califa volvió a ocupar su sitio en la alfombra, y entonces Grano-de-Belleza fué a inclinarse entre sus manos, y le dijo: "¡Oh Emir de los Creyentes! ¡Alah te conserve a nuestro respeto y a nuestro amor, y nunca nos prive de los beneficios de tu generosidad!" Y el califa le sonrió y le acarició levemente la mejilla, y le dijo: "Mañana te aguardo en palacio". Después levantó la sesión, y seguido de Giafar, Massrur y Abu-Nowas, que encargó a Grano-de-Belleza que no olvidase lo ofrecido, se marchó.
Al día siguiente, Grano-de-Belleza, a quien su esposa había aconsejado repetidamente que fuera a palacio, eligió las cosas más preciosas de las que le había llevado el pequeño abisinio Salim, las encerró en un lindísimo cofrecillo, y colocó éste en la cabeza del hermoso esclavo; y después que le vistió y le arregló con esmero su esposa Zobeida, se dirigió hacia el diwán, acompañado del esclavo con su carga. Y subió al diwán, y poniendo el cofrecillo a los pies del califa, le dirigió un cumplimiento en versos bien rimados, y le dijo: "¡Oh Emir de los Creyentes! Nuestro bendito profeta (¡sean con él la plegaria y la paz!) aceptaba los regalos para no causar pena a quienes se los ofrecían. ¡Tu esclavo sería también muy feliz si quisieras recibir este cofrecillo como señal de mi gratitud!"
Encantado el califa de la atención del joven, le dijo: "¡Demasiado regalo es, ¡oh Grano-de-Belleza! pues tu persona supone ya un preciado presente! Sé bienvenido en mi palacio; hoy mismo te conferiré un buen empleo". E inmediatamente destituyó de su cargo al síndico de los mercaderes de Bagdad, y nombró para tal puesto a Grano-de-Belleza. Después, para que todo el mundo se enterara del nombramiento, el califa escribió un firmán con el decreto correspondiente, y lo mandó entregar al walí, el cual se lo dió a un pregonero, que lo promulgó por todos los zocos y calles de Bagdad.
En cuanto a Grano-de-Belleza, desde aquel día empezó a ver con regularidad al califa, que ya no podía pasarse sin él. Y como no tenía tiempo para vender personalmente sus mercancías, mandó abrir una hermosa tienda, a cuyo frente puso al esclavillo moreno, que desempeñó a maravilla tan delicado oficio.
Apenas habían transcurrido dos o tres días, cuando fueron a anunciar al califa la súbita defunción de su gran copero. Y el califa nombró inmediatamente a Grano-de-Belleza gran copero, y le regaló un ropón de honor, apropiado para tan alto cargo, y le asignó suntuosos emolumentos. Y de esta manera ya no se separaba de él.
A los dos días, y estando Grano-de-Belleza al lado del califa, entró el gran chambelán, besó la tierra delante del trono, y dijo: "¡Conserve Alah los días del Emir de los Creyentes, y los aumente en otros tantos como la muerte acaba de arrebatar al gobernador de palacio!" Y añadió: "¡Oh Emir de los Creyentes, el gobernador de palacio acaba de fallecer!" El Emir de los Creyentes dijo: "¡Téngale Alah en su misericordia!" Y en el acto nombró a Grano-de-Belleza gobernador de palacio en vez del difunto, y le asignó emolumentos más suntuosos todavía. Y de esta manera Grano-de-Belleza tenía que estar continuamente al lado del califa. Hecho este nombramiento y comunicado a todo el palacio, el califa levantó la sesión, agitando el pañuelo como de costumbre...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


Pero cuando llegó la 267ª noche

Ella dijo:
... el califa levantó la sesión, agitando el pañuelo como de costumbre, y se quedó solo con Grano-de-Belleza.
Y desde entonces Grano-de-Belleza pasó todos los días en palacio, y no volvía a su casa hasta bien entrada la noche, y se acostaba feliz con su esposa, a quien contaba todos los sucesos del día. El afecto del califa a Grano-de-Belleza fué acrecentándose diariamente, hasta el punto de que lo habría sacrificado todo antes que dejar sin satisfacer el menor deseo del joven, como lo demuestra el hecho siguiente:
El califa daba un concierto, al cual asistían sus íntimos amigos de siempre: Giafar, el poeta Abu-Nowas, Massrur y Grano-de-Belleza. Detrás del tapiz cantaba la propia favorita del califa, la más bella y perfecta de sus concubinas. Pero de pronto el califa miró fijamente a Grano de-Belleza, y le dijo: "Amigo, estoy leyendo en tus ojos que te gusta mi favorita". Y Grano-de-Belleza contestó: "¡Lo que gusta al amo debe gustar al esclavo!" Pero el califa exclamó: "¡Por mi cabeza y por la tumba de mis antepasados! ¡Grano-de-Belleza, te pertenece mi favorita desde este momento!" Y llamó enseguida al jefe de los eunucos, y le dijo: "¡Transporta a casa del gobernador de palacio todo el ajuar y las cuarenta esclavas de mi favorita Delicia-de-los-Corazones, y después llévala también a su casa en una silla de manos!" Pero Grano-de-Belleza dijo: "¡Por tu vida, ¡oh Príncipe de los Creyentes! dispensa a tu indigno esclavo de tomar lo que le pertenece al amo!" Entonces el califa comprendió la idea de Grano-de-Belleza, y le dijo: "¡Razón tienes! ¡Es probable que tu esposa tenga celos de mi ex favorita! ¡Quédese ésta, pues, en palacio!" Después se volvió hacia su visir Giafar, y le dijo: ¡Oh Giafar! tienes que ir inmediatamente al zoco de los esclavos, pues hoy es día de mercado, y comprar en diez mil dinares la esclava más bella de todo el zoco. ¡Y la mandarás llevar enseguida a casa de Grano-de-Belleza!"
Giafar se levantó en el acto, fué al zoco de los esclavos, y rogó a Grano-de-Belleza que le acompañara para indicarle la que prefiriese. Y el walí de la ciudad, emir Khaled, había ido también al zoco aquel día a comprar una esclava para su hijo, que acababa de llegar a la edad de la pubertad.
Porque el walí de la ciudad tenía un hijo. Pero este hijo era un muchacho tan feo, que haría abortar a una parturienta; contrahecho, hediondo, de aliento fétido, de ojos atravesados y de boca tan ancha como la vulva de una vaca vieja. Por eso le llamaban Gordo-Hinchado.
Precisamente la víspera por la noche había cumplido Gordo-Hinchado los catorce años, y su madre estaba alarmada hacía algún tiempo por no observar en él ningún síntoma de virilidad real. Pero no tardó en tranquilizarse al notar, la mañana de aquel día, que su hijo Gordo. Hinchado había copulado en sueños en la cama, dejando en ella huellas evidentes.
Tal observación había entusiasmado en extremo a la madre de Gordo-Hinchado, y la había hecho ir corriendo a ver a su esposo, al cual había comunicado la feliz nueva, obligándole a marchar inmediatamente al zoco, acompañado de su hijo, para comprarle una hermosa esclava que le conviniera.
Y el Destino, que está en manos de Alah, quiso que aquel día se encontrara en el zoco Giafar y Grano-de-Belleza con el emir Khaled y su hijo Gordo-Hinchado.
Después de las zalemas acostumbradas, se reunieron en un grupo y ordenaron que desfilaran por delante de ellos los corredores, cada cual con las esclavas blancas, morenas o negras de que dispusiese.
Así vieron cantidad innumerable de muchachas griegas, abisinias, chinas y persas, y ya se iban a retirar sin haber elegido ninguna, cuando el mismo jefe de los corredores pasó el último, llevando de la mano a una joven con la cara destapada, más hermosa que la luna llena del mes de Ramadán.
Al verla, Gordo-Hinchado empezó a resollar con fuerza para expresar su deseo, y le dijo a su padre, el emir Khaled: "¡Esa es la que necesito!" Y por su parte, Giafar preguntó a Grano-de-Belleza: "¿Te conviene esa?" Y el otro respondió: "Es la que elijo".
Entonces Giafar preguntó a la joven: "¿Cómo te llamas, oh esclava gentil?" Ella contestó: "¡Oh mi señor! Yazmina". Entonces el visir preguntó al corredor: "¿En cuánto está tasada Yazmina?" El corredor dijo: "En cinco mil dinares, ¡oh mi amo!" Entonces Gordo-Hinchado gritó: "¡Ofrezco seis mil!"
En aquel •nomento se adelantó Grano-de-Belleza, y dijo: "¡Ofrezco ocho mil!" Entonces Gordo-Hinchado resolló con rabia, y exclamó: "¡Ocho mil un dinares!" Giafar dijo: "¡Nueve mil uno!" Pero Grano de-Belleza dijo: "¡Diez mil Dinares!`
Y el corredor, temiendo que se arrepintiera alguno, dijo: "¡Adjudicada en diez mil dinares la esclava Yazmina!"
Y se la entregó a Grano de-Belleza.
Al ver aquello, Gordo-Hinchado se cayó, azotando el aire con pies y manos, y desconsolando a su padre el emir Khaled, que no le había llevado al zoco más que por complacer a su esposa, pues le detestaba por idiota y feo.
En cuanto a Grano-de-Belleza, tras de dar las gracias al visir Giafar, se llevó a Yazmina, y la amó, y ella le amó también. Y después de haberla presentado a su esposa Zobeida, que la encontró simpática y le felicitó por su elección, se unió con ella legítimamente, tomándola como segunda esposa. Y durmió con ella aquella noche, y la fecundó, como se demostrará más adelante.
Y vamos ahora con Gordo-Hinchado.
Cuando a fuerza de promesas y mimos lograron llevarle a su casa, se tiró sobre el diván, y no quiso levantarse para comer ni beber, y por otra parte, casi había perdido la razón.
Mientras todas las mujeres de la casa, consternadas, rodeaban a la madre de Gordo-Hinchado, que había llegado a los límites de la perplejidad, entró una vieja, que era la madre de un ladrón famoso, sentenciado entonces a prisión perpetua, y conocido de todo Bagdad con el sobrenombre de Ahmed-la-Tiña.
Este Ahmed-la-Tiña era tan diestro en el arte de robar, que para él constituía cosa de juego apoderarse de una puerta en las narices del portero y hacerla desaparecer en un momento como si se la tragase: perforar las paredes delante de un casero fingiendo orinar, arrancarle las pestañas a un individuo sin que lo notara, y limpiar de kohl los ojos de una mujer sin que se enterase ella.
La madre de Ahmed-la-Tiña entró en el aposento de la de Gordo-Hinchado, y después de las zalemas, le preguntó: "¿Cuál es la causa de tu aflicción, ¡oh mi señora!? ¿Y qué mal padece mi joven amo, tu hijo, a quien Alah conserve?" Entonces la madre de Gordo-Hinchado contó a aquella vieja, que hacía tiempo la proveía de criadas, la contrariedad que les ponía a todos en tal estado. Y la madre de Ahmed-la-Tiña exclamó: "¡Oh mi señora! Únicamente mi hijo os puede sacar del paso; ¡lo juro por tu vida! Trata de lograr que le suelten, y ya sabrá inventar un medio de traer a la bella Yazmina a los brazos de nuestro joven amo, tu hijo. Porque ya sabes que mi pobre hijo se halla encadenado y tiene en los pies una argolla de hierro, en la cual están grabadas estas palabras: "Cadena perpetua". ¡Y todo por haber fabricado moneda falsa!" Y la madre de Gordo-Hinchado prometió protegerle.
Efectivamente, aquella misma noche, cuando su esposo el walí, de regreso en su casa, fué a buscarla después de cenar, se había ella arreglado y perfumado, adoptando un aspecto amable. Y el emir Khaled, que era un hombre muy bueno, no pudo resistir el deseo que provocaba en él la contemplación de su mujer, y quiso poseerla; pero ella se resistió, diciendo: "¡Júrame por el divorcio que me concederás lo que te pida!" Y se lo juró. Entonces ella le enterneció hablándole de la desgracia de la anciana madre del ladrón, y logró de él la promesa de que le soltarían. Y entonces dejó que la montara el esposo.
Y a la mañana siguiente, el emir Khaled, después de las abluciones y la oración, se fué a la cárcel en que estaba encerrado Ahmed-la-Tiña, y le preguntó: "¿Y qué, bandido, te arrepientes de tus pasadas fechorías?" Y el otro contestó: "Me arrepiento, y lo proclamo con la palabra como lo pienso con el corazón". Entonces el walí le sacó de la cárcel y le llevó ante el califa, que se quedó asombrado al verle vivo todavía, y le preguntó: "¿Y cómo no te has muerto aún, bandido?" El otro contestó: "¡Por Alah, oh Emir de los Creyentes! la vida de los malos es muy dura de pelar". Entonces el califa se echó a reír a carcajadas, y dijo: "¡Manden venir al herrero para que le quite la argolla!" Y luego dijo: "Como estoy enterado de tus hazañas, voy a ayudarte ahora a persistir en tu arrepentimiento, y como eres el que más conoce a los ladrones, te nombro jefe de vigilancia de Bagdad". Y enseguida el califa mandó promulgar un edicto nombrando a Ahmed-la-Tiña jefe de vigilancia. Entonces Ahmed besó la mano al califa y enseguida empezó a ejercer sus funciones.
Y para festejar alegremente su libertad y su nuevo cargo, principió por ir a la taberna regida por el judío Abraham, testigo de sus pasadas hazañas, vaciando dos o tres frascos de su bebida favorita, vino jónico excelente. Y cuando su madre fué a buscarle para hablarle de la gratitud que debía manifestar siempre a la esposa del emir Khaled y madre de Gordo-Hinchado, que había sido la causante de su libertad, le encontró medio borracho y tirándole de las barbas al judío, que no se atrevía a protestar por respeto al cargo temible del antiguo Ahmed-la-Tiña, actual jefe de vigilancia.
De todos modos, la vieja logró sacarle de allí, y hablándole reservadamente, le contó cuantas incidencias motivaron su libertad, y le dijo que había que discurrir inmediatamente algo para quitar la esclava a Grano-de-Belleza, gobernador de palacio.
Oídas estas palabras, Ahmed-la-Tiña dijo a su madre: "Se hará esta misma noche, pues es facilísimo". Y la dejó para ir a preparar el golpe...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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