Las historias completas del podcast de las mil noches y una noche.

Si desea escuchar noche por noche vaya a
http://www.1001noches.co/

14.7 Cuento del cuervo y el zorro

Hace parte de

14.0 Historia Encantadora de los animales y las aves (de la noche 146 a la 151)
       14.1 Cuento de la oca, el pavo real y la pava real (de la noche 146 a la 147)
       14.2 El pastor y la joven (noche 147)
       14.3 Cuento de la tortuga y el martín pescador (noche 148)
       14.4 Cuento del lobo y el zorro (de la noche 149 a la 150)
       14.5 Cuento del ratón y la comadreja (noche 150)
       14.6 Cuento del cuervo y el gato de Algalia (noche 150)
       14.7 Cuento del cuervo y el zorro (de la noche 150 a la 151)






Cuento del cuervo y el zorro - Descargar MP3

Cuento del cuervo y el zorro

Se cuenta que un zorro viejo, cuya conciencia estaba cargada de no pocas fechorías, se había retirado al fondo de un monte abundante en caza, llevándose consigo a su esposa. Y siguió haciendo tanto destrozo que acabó por despoblar completamente la montaña, y para no morirse de hambre, empezó por comerse a sus propios hijos y por estrangular una noche traidoramente a su esposa, a la cual devoró en un momento. Y hecho esto no le quedó nada a qué hincar el diente.

Era demasiado viejo para cambiar de residencia y no era bastante ágil para cazar liebres y coger al vuelo las perdices. Mientras estaba absorto en estas ideas, que le ennegrecían el mundo delante del hocico, vió posarse en la copa de un árbol a un cuervo que parecía muy cansado.
Y enseguida pensó: "¡Si pudiera hacerme amigo de ese cuervo, sería mi felicidad! ¡Tiene buenas alas que le permiten hacer lo que no pueden mis patas baldadas! ¡Así, me traería el alimento, y además me haría compañía en esta soledad que empieza a serme tan pesada!" Y pensado y hecho, avanzó hasta el pie del árbol en que estaba posado el cuervo, y después de las zalemas acostumbradas, le dijo: "¡Oh mi vecino! ¡No ignoras que todo buen musulmán tiene dos méritos para su vecino! ¡El de ser musulmán y el de ser su vecino! ¡Reconozco en ti esos dos méritos, y me siento conmovido por la atracción invencible le tu gentileza y por las buenas disposiciones de amistad fraternal que te supongo!
Y tú, ¡oh buen cuervo! ¿qué sientes hacia mí?"
Al oír estas palabras, el cuervo se echó a reír de tan buena gana que le faltó poco para caerse del árbol. Después dijo: "¡No puedo ocultarte que es muy grande mi sorpresa! ¿De cuándo acá, ¡oh zorro! esa amistad insólita? ¿Y cómo ha entrado la sinceridad en tu corazón, cuando sólo estuvo en la punta de tu lengua? ¿Desde cuándo dos razas tan distintas pueden fundirse tan perfectamente, siendo tú de la raza de los animales y yo de la raza de las aves? Y sobre todo, ¡oh zorro! ya que eres tan elocuente, ¿sabrías decirme desde cuándo los de tu raza han dejado de ser de los que comen y los de mi raza los comidos? ¿Te asombras? ¡Pues ciertamente no hay por qué! ¡Vamos, zorro! ¡viejo malicioso, vuelve a guardar todas esas hermosas palabras en tu alforja, y dispénsame de una amistad respecto a la cual no me has dado pruebas!"
Entonces el zorro exclamó: "¡Oh cuervo juicioso, cuán perfectamente razonas! Pero sabe que nada es imposible para Aquel que formó los corazones de sus criaturas, y ha engendrado en el mío ese generoso sentimiento hacia ti.
¡Y para demostrarte que individuos de distinta raza pueden estar de acuerdo, y para darte las pruebas que con tanta razón me reclamas, no encuentro nada mejor que contarte la historia que he llegado a saber, la historia de la pulga y el ratón, si es que quieres escucharla!" El cuervo repuso: "Puesto que hablas de pruebas, dispuesto estoy a oír esa historia de la pulga y el ratón, que desconozco".
Y el zorro la narró de este modo:
"¡Oh amigo, lleno de gentileza! los sabios versados en los libros antiguos y modernos nos cuentan que una pulga y un ratón fueron a vivir en la casa de un rico mercader, cada cual en el lugar que fué más de su agrado.
"Ahora bien; cierta noche, la pulga, harta de chupar la sangre agria del gato de la casa, saltó a la cama donde estaba tendida la esposa del mercader, se deslizó entre la ropa, se escurrió por debajo de la camisa para llegar a los muslos, y desde allí brincó hasta el pliegue de la ingle, precisamente en el sitio más delicado. Y notó realmente que aquel sitio era muy delicado, muy suave, muy blanco y liso a pedir de boca: No tenía ni arrugas ni pelos indiscretos. ¡Al contrario, ¡oh cuervo amigo! al contrario! Y fué el caso que la pulga se encastilló en aquel paraje y se puso a chupar la deliciosa sangre de la mujer hasta llegar a la hartura. Sin embargo, puso tan poca discreción en su trabajo, que la mujer se despertó al sentir la picadura, y llevó la mano velozmente al sitio picado, y habría aplastado a la pulga si ésta no se hubiese escurrido diestramente por el calzón, corriendo a través de los innumerables pliegues de esa prenda especial de la mujer, y saltando desde allí al suelo para refugiarse en el primer agujero que encontró. ¡Esto en cuanto a la pulga!
"En cuanto a la mujer, como lanzase un alarido de dolor que hizo acudir a todas las esclavas, advertidas éstas de la causa del sufrir de su señora, se apresuraron a remangarse los brazos y a buscar la pulga entre las ropas. Dos esclavas se encargaron de las faldas, otra de la camisa, y otras dos del amplio calzón, cuyos pliegues examinaron escrupulosamente uno tras otro. Entretanto, la mujer se hallaba completamente en cueros, y a la luz de los candelabros se registraba la parte delantera mientras que la esclava favorita le inspeccionaba minuciosa mente la trasera. ¡Pero ya te puedes figurar, ¡oh cuervo! que no encontraron nada! ¡Y esto es todo en cuanto a la mujer!"
El cuervo exclamó: "Pero a todo eso, ¿en dónde están las pruebas de que me hablabas?" El zorro repuso: "¡Precisamente vamos a ello!"
Y prosiguió de esta manera:
"He aquí que el agujero en que se había refugiado la pulga era la madriguera del ratón. . .
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 151ª noche

Ella dijo:
"He aquí que el agujero en que se había refugiado la pulga era la madriguera del ratón; de modo que cuando el ratón vió entrar a la pulga en su casa se indignó extraordinariamente, y le dijo: "¿Qué vienes a hacer aquí, ¡oh pulga! ya que no eres de mi especie ni de mi esencia? ¿Qué buscas aquí, ¡oh parásito! del cual sólo se puede esperar algo desagradable?"
Y la pulga contestó: "¡Oh ratón hospitalario entre los ratones! sabe que si he invadido tan indiscretamente tu domicilio, ha sido contra mi voluntad, pues lo he hecho para librarme de la muerte con que me amenazaba la dueña de esta casa. ¡Y todo por un poco de sangre que le he chupado! ¡Verdad es que era de primera calidad, suave, tibia y de maravillosa digestión!
Vengo, pues, a ti, confiada en tu bondad, para rogarte que me tengas en tu casa hasta que haya pasado el peligro. Lejos de atormentarte y obligarte a huir de tu domicilio, te demostraré una gratitud tan señalada, que darás las gracias a Alah por haberme admitido en tu compañía". Entonces, convencido el ratón por el acento sincero de la pulga; dijo: "Si realmente es así, ¡oh pulga! puedes compartir mi albergue y vivir aquí tranquila. ¡Serás mi compañera en la próspera y adversa fortuna! ¡Y en cuanto a la sangre bebida en el muslo de la mujer, no te apures! ¡Digiérela gozosamente en la paz de tu corazón y con delicia! ¡Cada cual encuentra su alimento donde puede, y nada hay en ello de reprensible; y si Alah nos ha dado la vida, no ha sido para que nos dejemos morir de hambre ni de sed! Y a este propósito, he aquí los versos que oí recitar un día por las calles a un santón:
¡Nada tengo en la tierra que me sujete: ni muebles, ni esposa que me gruña, ni casa! ¡Oh corazón mío, cuán libre estás!
¡Un pedazo de pan, un sorbo de agua y un poco de sal bastan para mi alimento, pues estoy completamente solo! ¡Un raído ropón me sirve de traje, y aún me sobra!
¡Tomo el pan donde lo encuentro, y acato el destino conforme viene! ¡Nada me pueden quitar! ¡Lo que cojo a los demás para vivir es lo que les sobra! ¡Corazón mío, cuán libre estás!
"Cuando la pulga oyó este discurso del ratón, se sintió muy conmovida; y le dijo: "¡Oh ratón, hermano mío, qué vida tan deliciosa vamos a pasar juntos! ¡Alah apresure el momento en que pueda agradecer tus bondades!"
"Y el tal momento no tardó en llegar. Efectivamente, la misma noche, el ratón, que había ido a dar una vuelta por la casa del mercader, oyó un rumor metálico, y sorprendió al mercader que contaba uno por uno los numerosos dinares guardados en un saquito, y cuando hubo echado la cuenta, los escondió bajo la almohada, se tumbó en la cama, y se durmió.
Entonces el ratón fué a buscar a la pulga, le contó lo que acababa de ver, y le dijo: "Ha llegado la ocasión de que me ayudes a transportar esos dinares de oro desde la cama del mercader hasta mi albergue".
Al oír estas palabras, la pulga estuvo a punto de desmayarse de emoción, por lo exorbitante que le pareció todo aquello, y exclamó con tristeza: "No debes pensar en eso, ¡oh ratón! ¿Cómo he de llevar yo a cuestas un dinar, cuando mil pulgas juntas no podrían ni siquiera moverlo? En cambio puedo ayudarte de otro modo, pues tan pulga como me ves, me encargo de sacar al mercader de su habitación ahuyentándole de la casa; y entonces serás el amo del terreno, y sin apresurarte y a tu gusto podrás transportar los dinares a tu madriguera".
El ratón exclamó: "¡Eres en verdad una pulga excelente, y no había caído en ello hasta ahora! ¡Mi madriguera es lo suficientemente grande para encerrar todo el oro, y he abierto setenta puertas para poder salir en el caso de que quisieran emparedarme en ella! ¡Date prisa a ejecutar lo que has ofrecido!"
"Entonces la pulga, dando brincos, saltó a la cama en que dormía el mercader, fué rectamente hacia las posaderas, y en ellas le picó como nunca había picado pulga alguna en trasero humano. El mercader, al sentir la picadura y el agudísimo dolor que le produjo, se levantó rápidamente, llevándose la mano al honroso sitio, del cual ya se había apresurado a alejarse la pulga. Y el mercader empezó a lanzar mil maldiciones, que resonaban en el vacío de la casa silenciosa. Después de dar mil vueltas, trató de volverse a dormir. ¡Pero no contaba con su enemigo! En vista de que el mercader se empeñaba en seguir acostado, la pulga volvió a la carga más enfurecida que antes, y esta vez le picó con todas sus fuerzas en el sensible lugar que se llama perineo.
"Entonces el mercader, sobresaltado y rugiendo, rechazó las mantas y las ropas, y bajó corriendo al lugar donde estaba el pozo, y allí se remojó insistentemente con agua fría, a fin de calmar el escozor. Y ya no quiso volver a su alcoba, sino que se echó en un banco del patio para pasar el resto de la noche.
"De esta suerte el ratón pudo transportar a su madriguera sin ninguna dificultad todo el oro del comerciante, y cuando amaneció ya no quedaba un dinar en el saco.
"¡Y de este modo, supo agradecer la pulga la hospitalidad del ratón, recompensándole con creces!
"Y tú, amigo cuervo -prosiguió el zorro-, espero que pronto verás mi abnegación en cambio del pacto de amistad que sellemos".
Pero el cuervo dijo: Verdaderamente, ¡oh mi señor zorro! tu historia no me ha convencido ni mucho menos. Al cabo y al fin cada cual puede libremente hacer o dejar de hacer el bien, sobre todo cuando este bien amenaza convertirse en causa de varias calamidades. Y éste es el caso presente. Hace mucho tiempo que eres famoso por tus perfidias y por el incumplimiento de la palabra empeñada. ¿Cómo ha de inspirarme ninguna confianza un ser como tú, de mala fe, y que ha sabido últimamente traicionar y hacer perecer a su primo el lobo? Porque ¡oh traidor entre los traidores! estoy bien enterado de esa fechoría tuya cuyo relato es sabido a toda la gente animal.
¡De modo que si te prestaste a sacrificar a uno que si no era de tu especie era de tu raza, si lo has traicionado después de tratarle como amigo tanto tiempo y de adularle de mil maneras, es seguro que para ti será un juego la perdición de cualquier otro animal que sea de raza diferente de la tuya!
Esto me recuerda una historia muy aplicable al caso".
El zorro preguntó: "¿Qué historia?"
Y el cuervo dijo: "¡La del buitre!" Entonces exclamó el zorro: "No conozco nada de esa historia del buitre. ¡Cuéntamela!"
Y el cuervo habló de este modo:
"Había un buitre cuya tiranía sobrepasaba todos los límites conocidos. No se sabía de ave alguna, ni chica ni grande, que estuviese libre de sus vejaciones. Había sembrado el terror entre todos los lobos del aire y de la tierra, y de tal modo se le temía, que las alimañas más feroces, al verle llegar, soltaban lo que tuvieran y huían espantadas de su pico formidable y de sus plumas erizadas. Pero llegó un tiempo en que los años, acumulados sobre su cabeza, se la desplumaron del todo, le gastaron las garras y le hicieron caer a pedazos las quijadas amenazadoras. La intemperie ayudó también a dejarle el cuerpo baldado y las alas sin virtud. Entonces se convirtió en tal objeto de lástima, que sus antiguos enemigos no quisieron devolverle sus tiranías y sólo lo trataron con desprecio. ¡Y para comer tenía que contentarse con las sobras que dejaban las aves y los animales!
"Y he aquí, ¡oh zorro! que tú has perdido ahora tus fuerzas, pero te queda aún la alevosía.
Quieres, viejo e imposibilitado como estás, aliarte conmigo que, gracias a la bondad del Hacedor, conservo intacto el empuje de mis alas, lo agudo de mi vista y lo acerado de mi pico: ¡No quieras hacer conmigo lo que hizo el gorrión!"
Pero el zorro, lleno de asombro, preguntó: "¿De qué gorrión hablas?"
Y el cuervo dijo:
"He llegado a saber que un gorrión habitaba un prado en el cual pacía un rebaño de corderos. Rayaba la tierra con el pico, siguiendo a los carneros, cuando de pronto vió que un águila enorme se precipitaba sobre un corderillo, se lo llevaba en las garras y desaparecía con él a lo lejos.
El gorrión sintiéndose acometido de una extrema arrogancia, extendió las alas poseído de vanidad, y dijo para sí: "También yo sé volar, y por lo tanto podré arrebatar un carnero de los más grandes". Inmediatamente eligió el carnero más gordo que pudo hallar entre todos: tenía una lana abundante y añeja, y por debajo del vientre, empapada con los orines de por la noche, no era más que una masa pegajosa y putrefacta.
El gorrión se lanzó sobre el lomo del carnero, y quiso llevárselo. Pero al primer impulso, las patas se le quedaron enredadas en las vedijas de lana, y entonces él fué el que quedó prisionero.
Acudió el pastor, se apoderó de él, le arrancó las plumas de las alas, y atándole una pata con un bramante, se lo dió a sus hijos para que jugasen con él, y les dijo: "¡Mirad bien este pájaro! Ha querido, por desgracia suya, habérselas con quien es más fuerte que él, ¡y por eso ha sido castigado con la esclavitud!"
"Y tú, ¡oh zorro inválido! quieres compararte conmigo, pues tienes la audacia de proponerme tu alianza. ¡Vamos, viejo taimado, vuelve las espaldas enseguida!"
Comprendió el zorro entonces que era inútil querer engañar a un individuo tan listo como el cuervo. Y dominado por la rabia, empezó a rechinar tan de recio las mandíbulas, que se rompió un diente. Y el cuervo, burlonamente, dijo: "¡Siento de veras que te hayas roto un diente por mi negativa!"
Pero el zorro le miró con un respeto sin límites, y le dijo: "No es por tu negativa por lo que se me ha roto el diente, sino por la vergüenza de haber dado con uno más listo que yo"
Y dichas estas palabras, el zorro se apresuró a largarse para ir a esconderse.


0 comentarios:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.