Las historias completas del podcast de las mil noches y una noche.

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9.6 Palabras de la anciana

Esta historia pertenece a 

9.0 Historia de la muerte del rey Omar Al Nemán (de la noche 78 a la 95)
       9.1 Palabras de la primera joven (079)
       9.2 Palabras de la segunda joven (080 a 081)
       9.3 Palabras de la tercera joven (081)
       9.4 Palabras de la cuarta joven (081 – 082)
       9.5 Palabras de la quinta joven (082 – 083)
       9.6 Palabras de la anciana (083 – 084)





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Palabras de la anciana

"¡Oh rey Omar! acabas de oír las palabras edificantes de estas jóvenes acerca del desprecio hacia las cosas de aquí abajo, en la medida en que estas cosas deben ser despreciadas. Ahora voy a hablarte de cuanto sé respecto a los hechos y a los dichos de los más grandes entre nuestros antiguos.
"Se cuenta que el gran imán Al-Schafí (¡que Alah le tenga en su gracia!) dividía la noche en tres partes: la primera para el estudio, la segunda para el sueño, y la tercera para la oración. Y hacia el fin de su vida, velaba toda la noche, sin reservar nada para el sueño.
"El mismo imán Al-Schafí (¡Alah le tenga en su gracia!) ha dicho: "Durante diez años de mi vida, no he querido comer todo el pan de cebada que apetecía. Porque comer demasiado es perjudicial de todas maneras. Se embota el cerebro, se endurece el corazón, se aniquila la inteligencia, se acrecientan la pereza y el sueño, y desaparece hasta la última energía".
"El joven Ibn-Fuad nos cuenta: "Me hallaba un día en Bagdad, cuando habitaba allí el imán Al-Schafí. Y habiendo marchado a la orilla del río para hacer mis abluciones, pasó junto a mí un hombre seguido de una muchedumbre que caminaba silenciosamente detrás de él y me dijo: "¡Oh joven paseante! cuida de tus abluciones, y Alah cuidará de ti". Y al ver a aquel hombre que tenía unas barbas muy largas y un rostro señalado por la bendición, me apresuré a terminar mis abluciones, y le fuí siguiendo. Entonces se volvió hacia mí, y me dijo: "¿Necesitas pedirme alguna cosa?"
Yo repuse: "¡Oh venerable padre! ¡Deseo que me enseñes lo que seguramente has aprendido de Alah el Altísimo!" Y me dijo: "¡aprende a conocerte! ¡Y no obres hasta entonces! ¡Y obra entonces según tus deseos, pero cuidando de no perjudicar al vecino!" Y siguió su camino sin decir más. Entonces pregunté a los que le seguían: "¿Pues quién es ése?" Y me contestaron: "¡Es el imán Mohammed ben-Edris Al-Schafí!"
En este momento de su narración, Schehrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 84ª noche
Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la venerable anciana prosiguió de esta manera:
"Se cuenta que el califa Abu-Giafar Al-Mansur quiso nombrar kadí a Abí-Hanifa y señalarle diez mil dracmas al año. Pero cuando Abí-Hanifa se enteró de la intención del califa, rezó la oración matutina, se envolvió en su ropón blanco y se sentó sin decir una palabra. Entonces entró el enviado del califa, para entregarle por anticipado los diez mil dracmas y anunciarle su nombramiento. Pero Abí-Hanifa no contestó palabra a todo el discurso del enviado. Entonces el enviado dijo: "Puedes estar seguro de que todo este dinero que te traigo es cosa lícita y admitida por el Libro Noble". Pero Abí-Hanifa replicó: "Verdaderamente, es cosa lícita, ¡pero Abí-Hanifa no será jamás servidor de los tiranos!"
Y dichas estas palabras, la anciana añadió: "Habría querido, ¡oh rey! recordarte más rasgos admirables de la vida de nuestros sabios antiguos. Pero he aquí que la noche se acerca; además, ¡los días de Alah son numerosos para sus servidores!" Y la santa anciana se volvió a echar el velo sobre los hombros, y retrocedió hacia el grupo formado por las cinco doncellas.

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