Las historias completas del podcast de las mil noches y una noche.

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9.5 Palabras de la quinta joven

Esta historia pertenece a 

9.0 Historia de la muerte del rey Omar Al Nemán (de la noche 78 a la 95)
       9.1 Palabras de la primera joven (079)
       9.2 Palabras de la segunda joven (080 a 081)
       9.3 Palabras de la tercera joven (081)
       9.4 Palabras de la cuarta joven (081 – 082)
       9.5 Palabras de la quinta joven (082 – 083)
       9.6 Palabras de la anciana (083 – 084)





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Palabras de la quinta joven

"Yo, ¡oh rey afortunado! te diré cuanto he llegado a saber de las cosas espirituales de pasados tiempos.
"El sabio Moslima ben-Dinar ha dicho: "Todo placer que no impulse tu alma hacia Alah, es una torpeza".
"Se cuenta que cuando Muza (¡la paz sea con él!) estaba en la fuente de Modain, llegaron dos pastoras con el rebaño de su padre Schoaib. Y Muza (¡la paz sea con él!) dió de beber a las dos muchachas y al rebaño en el abrevadero de troncos de palmera. Y las dos jóvenes, de regreso a su casa, se lo contaron a su padre Schoaib, que dijo entonces a una de ellas: "Vuelve junto al joven y dile que venga a nuestra casa". Y la muchacha volvió a la fuente; y cuando estuvo cerca de Muza, se cubrió la cara con el velo, y le dijo: "Mi padre te ruega que me acompañes para compartir nuestra comida, en recompensa de lo que has hecho por nosotras".
Pero Muza, muy emocionado, no quiso seguirla al principio, aunque después acabó por decidirse. Y se fué detrás de ella. Ahora bien; la pastorcilla tenía un trasero muy gordo..."
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 83ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven prosiguió en esta forma:
"La pastorcilla tenía un trasero muy gordo, y el viento de cuando en cuando adhería a sus redondeces el ligerísimo vestido, y otras veces levantaba la falda y dejaba completamente desnudo el trasero de la pastora. Pero Muza, cada vez que se le aparecía el trasero desnudo, cerraba los ojos para no verlo. Y como temía que la tentación llegara a ser demasiado fuerte, dijo a la muchacha: "Déjame ir delante de ti". Y la joven, bastante sorprendida, echó a andar detrás de Muza. Y acabaron los dos por llegar a casa de Schoaib.
Y cuando Schoaib vió entrar a Muza, se levantó en honor suyo, y como la comida estaba dispuesta, le dijo: "¡Oh Muza! que la hospitalidad en esta casa te sea amplia y cordial por lo que has hecho por mis hijas".
Pero Muza contestó: "¡Oh padre mío! No vendo ni por oro ni por plata los actos que ejecuto pensando en el juicio”.
Y Schoaib replicó: "¡Oh joven!, eres mi huésped, y acostumbro ser hospitalario y generoso con mis huéspedes; pues tal fué la costumbre de todos mis antepasados. Quédate, pues, aquí, y come con nosotros". Y Muza se quedó y comió con ellos. Y al acabar la comida, Schoaib dijo a Muza: "¡Oh mi joven huésped! vivirás con nosotros y llevarás a pacer el rebaño. Y a los ocho años; como precio a tus servicios, te casaré con aquella de mis hijas que ha ido a buscarte a la fuente".
Y Muza esta vez aceptó, y dijo para sí: "¡Ahora que la cosa será lícita con la joven, podré usar sin reticencias su trasero bendito!"
"Se cuenta que Ibn-Bitar hubo de encontrarse con uno de sus amigos, que le preguntó: "¿En dónde has estado tanto tiempo que no te he visto?" Ibn-Bitar repuso: "He estado con mi amigo Ibn-Scheab. ¿Lo conoces?" Y el otro contestó: "¡Ya lo creo que lo conozco! Es vecino mío desde hace más de treinta años, pero nunca le he dirigido la palabra". Entonces Ibn-Bitar dijo: "¡Oh desventurado! ¿No sabes que al que no quiere a sus vecinos no le quiere Alah? ¿Y no sabes que debemos tantas consideraciones a nuestro vecino como a nuestro pariente?"
"Un día, Ibn-Adham dijo a uno de sus amigos que volvía con él de la Meca: "¿Cuál es tu vida?" Y el otro contestó: "Cuando tengo para comer, como, y cuando tengo hambre y no tengo dinero, lo tomo con paciencia". E Ibn-Adham contestó: "¡En realidad, haces lo mismo que los perros del país de Balkh! En cuanto a nosotros, cuando Alah nos da pan, lo glorificamos, y cuando no tenemos que comer, le damos las gracias de todas maneras”.
Entonces el hombre exclamó: "¡Oh maestro mío!" Y no dijo más.
"Cuentan que Mohammed ben-Omar preguntó un día a un hombre muy austero: "¿Qué piensas de la esperanza que se debe tener en Alah?" Y el hombre dijo: "Pongo mi esperanza en Alah, por dos cosas: porque el pan que yo como nunca se lo come otro, y porque si he venido al mundo ha sido por voluntad de Alah". Y dichas estas palabras, la quinta joven retrocedió junto a sus compañeras.

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