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8 P4 Historia del rey Omar al - Neman y de sus dos hijos Scharkan y Daul'makan (cuarta de cinco partes)

Hace parte de 

8.0 Historia del rey Omar al - Neman y de sus dos hijos Scharkan y Daul'makan (de la noche 44 a la noche 78)
       8.1 Las tres puertas de la vida (060-66)






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Pero cuando llegó la 59ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que el mercader exclamó: "Gloria al que te ha modelado, ¡oh maravillosa criatura!" Y le rindió todos los honores y le prodigó todas las manifestaciones de respeto y admiración. Y después la acompañó hasta el hammam, yendo delante de ella, llevando en una bolsa de terciopelo la ropa con que había de vestirse después del baño. Y mandó llamar a la mejor amasadora del hammam, y le dijo: "En cuanto haya terminado, vendrás a llamarme". Y mientras Nozhatú tomaba el baño, el anciano mercader fué a comprar toda clase de frutas y sorbetes, y los depositó en la tarima a la cual había de ir Nozhatú a vestirse.
Y cuando se terminó el baño, la amasadora acompañó a Nozhatú hasta la tarima, la envolvió en paños y toallas perfumadas, y se comieron las frutas y bebieron sorbetes, dando lo que sobró a la guardesa del hammam.
En este momento llegó el mercader con un cofrecillo de sándalo, lo abrió invocando el nombre de Alah, y ayudado por la amasadora procedió a vestir a Nozhatú, para llevarla al palacio del príncipe Sharkán.
Y empezó por entregar a Nozhatú una banda de oro para cubrir la cabeza, y esta banda costaba mil dinares. Después una falda a la moda turca, bordada de hilos de oro, y unas botas rojas perfumadas con almizcle, cubiertas de lentejuelas de oro con bordados de flores que llevaban incrustadas perlas y pedrerías. Le puso en las orejas unos pendientes de perlas finas, que costaba cada uno mil dinares, y al cuello un collar de oro afiligranado, y le rodeó los pechos con redes de pedrería. Luego le ajustó el talle por encima del ombligo con un cinturón de diez hileras de bolas de ámbar y medias lunas de oro, y en cada bola de ámbar iba inscrustado un rubí, y en cada media luna nueve perlas y diez diamantes.
De suerte que la joven Nozhatú llevaba encima más de cien mil dinares en alhajas y joyas.
El mercader le rogó que le siguiera, y salió con ella del hammam, y marchaba delante de ella con andar grave y ceremonioso, apartando a los transeúntes. Y todos los transeúntes se asombraban de aquella belleza, y exclamaban: "¡Gloria a Alah en sus criaturas! ¡Cuán dichoso el hombre que la posea!" Y el mercader seguía andando, y ella detrás de él, hasta que llegaron al palacio del príncipe Sharkán.
Y el mercader se adelantó para entrar en las habitaciones de Scharkán, besó la tierra entre sus manos, y dijo: "¡He aquí que te traigo un presente incomparable, la cosa más bella y más extraordinaria de estos tiempos, el resumen de todos los encantos y todos los dones, la suma de todas las cualidades y de todas las delicias!" Y el príncipe Scharkán dijo: "¡Apresúrate a enseñármelo!" Y el mercader salió en seguida y trajo de la mano a Nozhatú, presentándola al príncipe. Y el príncipe Scharkán no podía reconocer en aquella maravilla a su hermana Nozhatú, a la cual nunca había visto, a causa de los recelos que sintió cuando su nacimiento y el de su hermano Daul-makán. Y llegó hasta el límite del entusiasmo al ver aquel talle y aquellas formas exquisitas. Y el mercader dijo: "Esta es la maravilla incomparable, única en el siglo. Además de la hermosura, don natural suyo, posee todas las virtudes y está versada en todas las ciencias religiosas, civiles, políticas y matemáticas. ¡Y está dispuesta a contestar a todas las preguntas de los sabios más ilustres de Damasco y del imperio!"
Entonces el príncipe Scharkán se apresuró a decir al mercader: "¡Déjala aquí, busca al tesorero para que te pague su precio y vé en paz!"
Y al oírlo, dijo el mercader: "¡Oh príncipe valeroso! he aquí que la había destinado al rey Omar Al-Nemán, tu padre, y venía a rogarte que me dieras una carta de recomendación para él; pero puesto que te agrada, que se quede aquí. ¡Y tu deseo está sobre mi cabeza y sobre mis ojos! Pero en cambio, te rogaré únicamente que me otorgues en adelante el derecho de franquicia para todas mis mercancías y el privilegio de no volver a pagar impuestos de ninguna clase". El príncipe contestó: "Te lo otorgo. Y ahora dime lo que te ha costado esta joven, para que te reintegre su precio". Y el mercader repuso: "Me ha costado cien mil dinares de oro, pero lo que lleva encima vale otros cien mil dinares". Entonces el príncipe mandó llamar a su tesorero, y le dijo: "Paga en seguida a este venerable jeique doscientos mil dinares de oro, y además, otros ciento veinte mil. Y por añadidura, dale el mejor ropón de honor de mis armarios. Y que se sepa en adelante que es mi protegido y que no se le deberá reclamar ningún impuesto".
Después el príncipe Scharkán mandó llamar a los cuatro grandes kadíes de Damasco, y les dijo...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana. v se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 60ª noche

Ella dijo:
"Sed testigos de que desde este momento emancipo a esta joven esclava que acabo de comprar y que me caso con ella". Entonces los cuatro kadíes se apresuraron a escribir el certificado de emancipación, y en seguida escribieron el contrato de casamiento y lo sellaron con su sello. Y el príncipe Scharkán no dejó de repartir generosamente entre los presentes una gran cantidad de oro para festejar su alegría, y tiró puñados de oro, que recogieron los servidores y los esclavos.
Después despidió a todos los presentes, excepto a los cuatro kadíes y el mercader. Y volviéndose hacia los kadíes, les dijo: "Ahora quiero que escuchéis las palabras que va deciros esta joven, para darnos una prueba de su elocuencia y su saber, y para que comprobéis las afirmaciones de este jeique". Y los kadíes contestaron: "Escuchamos y obedecemos". Y el príncipe Scharkán mandó tender un tapiz en el centro de la sala y colocó detrás de él a la joven, para que no estuviese cohibida y pudiera hablar sin que la viesen extraños.
Y en cuanto se tendió el tapiz, acudieron a rodear a su nueva señora las damas de servicio, y la ayudaron a colocarse más cómodamente y a aligerarse de parte de sus vestidos; y se maravillaban de sus perfecciones, y en su alegría le besaban los pies y las manos. Y por su parte, las esposas de los emires y visires se apresuraron a rendirle homenaje, dispuestas a oír lo que iba a decir al príncipe Scharkán y a los grandes kadíes de Damasco. Y antes de ir junto a ella, pidieron licencia a sus maridos.
Cuando Nozhatú vió entrar a las esposas de los emires y visires, se levantó para recibirlas, las besó cordialmente, las hizo sentarse a su lado, y les dirigía palabras cariñosas para corresponder a su homenaje, y tan amable estuvo, que todas se maravillaron de su cortesía, de su hermosura y de su inteligencia, y se decían: "Nos han dicho que era una esclava, pero seguramente es una reina, hija de un rey".
Y exclamaron: "¡Oh, señora! has iluminado la ciudad con tu presencia, y has colmado de honor a este país y a este reino. Y este reino es tu reino, y este palacio tu palacio, ¡y todas nosotras somos tus esclavas". Y ella les dió las gracias de la manera más dulce y agradable.
Pero en este momento Scharkán la interpeló desde el otro lado del tapiz, y le dijo: "¡Oh hermosísima joven, joya de estos tiempos! esperamos ansiosamente tus palabras elocuentes, pues dicen que estás versada en todas las ciencias, y hasta en las reglas más difíciles de nuestra sintaxis".
Y la joven Nozhatú, con voz más dulce que el azúcar respondió: "¡Tu deseo está sobre mi cabeza y sobre mis ojos! Y para satisfacerlo, hablaré sobre las TRES PUERTAS DE LA VIDA".


PALABRAS SOBRE LAS TRES PUERTAS

Y Nozhatú dijo:
"Te hablaré, en primer lugar, ¡oh príncipe valeroso! de la PRIMERA PUERTA: EL ARTE DE SABER CONDUCIRSE.
"Sabed, pues, que la vida tiene un objeto, y que el objeto de la vida es desarrollar el fervor.
"Ahora bien; el principal fervor tiene su forma en la pasión, que es bella por su fe.
"Nadie alcanzará el fervor más que por una vida activa, animada por la pasión. Y esta vida puede vivirse en cualquiera de los cuatro grandes caminos de la humanidad: El Gobierno, el Comercio, la Agricultura y los Oficios.
"En lo que concierne al GOBIERNO, es necesario que aquellos escasos hombres que están llamados a gobernar el mundo posean la ciencia política, una sutileza exquisita y una habilidad perfecta. Y en ningún caso deben dejarse guiar por su capricho, sino por un alto ideal, cuyo fin es Alah, el que todo lo puede. Y si regulan su conducta hacia este fin, la justicia reinará entre los humanos y cesarán las discordias en la superficie de la tierra. Pero lo más frecuente es que sigan sus inclinaciones, y acaben por resbalar en errores irremediables. Porque un jefe no es útil a su país sino cuando puede ser equitativo e imparcial y cuando impide que los fuertes opriman a los débiles y a los pequeños.
"El gran Ardechir, tercer rey de los persas, y uno de los descendientes de Sassán, dijo: "La autoridad y la fe son dos hermanas gemelas: la fe es un tesoro y la autoridad su guardián".
"Y nuestro profeta Mahomed (¡sean con él la paz y la plegaria!) ha dicho:
"Dos cosas rigen el mundo: la Autoridad y la Ciencia; si son rectas y puras, el mundo camina por la vía derecha; si son nefandas y malas, el mundo cae en la corrupción".
"Y el Sabio ha dicho: "El rey debe ser el guardián de la fe, de cuanto es sagrado y de los derechos de sus súbditos. Pero ante todo debe velar por que estén de acuerdo los que manejan la pluma y los que manejan la espada, ¡porque quien falte al hombre que maneja la pluma resbalará y se levantará jorobado!"
"Y el rey Ardechir, que fué un gran conquistador, dividió su imperio en cuatro distritos, y se mandó fabricar cuatro sellos en cuatro anillos. El primer sello era el anillo del Distrito marítimo, Y así sucesivamente los otros tres. Y lo hizo para asegurar el orden en su reino. Y así se siguió hasta la era islámica.
"Y el rey Kesra, el gran rey de los persas, escribió a su hijo, al que había confiado el ejército de sus ejércitos: "¡Oh, hijo mío!..."
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 61ª noche

Ella dijo:
"El rey Kesra, el gran rey de los persas, escribió a su hijo, al que había confiado el ejército de sus ejércitos: "¡Oh hijo mío! desconfía de la tibieza, pues enajenaría tu autoridad; pero no obres tampoco con dureza excesiva, porque hará fermentar la rebelión entre tus soldados".
"Y también se nos ha enseñado que un árabe fué a buscar al califa Abu-Giafar-Abdalah, y le dijo: "Ten hambriento a tu perro, si quieres que te siga". Y el califa se irritó contra el árabe. Y el árabe añadió: "Pero cuídate también de que un transeúnte no alargue un pan a tu perro, porque el perro te abandonará para seguir al transeúnte". Y Al-Mansur comprendió entonces, y se aprovechó del aviso, y despidió al árabe después de haberle obsequiado.
"Se cuenta también que el califa Abd El-Malek ben-Meruán escribió a su hermano Abd El-Aziz ben-Meruán, a quien había mandado a Egipto al frente de un ejército: "Puedes prescindir de tus consejeros y tus escribas, porque sólo te enterarán de lo que ya conoces; pero no descuides nunca a tu enemigo, que es el único capaz de hacerte saber la fuerza de tus soldados".
"Hablan también las crónicas de que el admirable califa Omar ibn-Al-Kattam no tomaba ningún servidor sin imponerle estas cuatro condiciones: no montar nunca en una bestia de carga; no apropiarse jamás el botín ganado al enemigo; no vestirse con trajes suntuosos, y no retrasarse nunca durante la hora de la plegaria. Y he aquí las palabras que le gustaba repetir: "No hay riqueza que valga lo que vale la sabiduría; no hay mejor piedra de toque que la cultura del espíritu y no hay gloria mayor que el estudio y la ciencia".
"El mismo Omar (¡téngalo Alah en su gracia!) fué quien dijo: "Las mujeres son de tres clases: la buena musulmana, que no se preocupa más que de su marido y sólo tiene ojos para él; la musulmana que sólo quiere casarse para tener hijos, y la prostituta, que sirve de collar al cuello de todo el mundo. Y los hombres también son de tres clases: el hombre cuerdo, que reflexiona y obra después de reflexionar, el que solicita el juicio de los hombres ilustrados y sólo obra con la más extremada prudencia, y el mentecato, que no tiene juicio alguno y no pide nunca consejo a los sabios".
"Y el sublime Alí-Abú-Taleb (¡Alah lo tenga en su gracia!) dijo:
"Precaveos contra las perfidias de las mujeres, no les pidáis su parecer; pero no las oprimáis, si no queréis que aumenten sus astucias y sus traiciones. Porque el que no conoce la moderación, va hacia la locura. Y en todas las cosas debéis ateneros a la justicia, singularmente en lo que atañe a vuestros esclavos".
Y cuando Nozhatú iba a seguir desarrollando este capítulo, oyó a los kadíes que decían detrás del tapiz: "¡Maschalah! ¡Nunca hemos oído palabras tan elocuentes, pero quisiéramos oír algo sobre las otras puertas!"
Y Nozhatú, con una transición muy hábil, dijo:
"Otro día hablaré del fervor en los otros tres caminos de la humanidad; pues ya es tiempo de que os diga algo de la SEGUNDA PUERTA.
"Esta segunda puerta es la de los BUENOS MODALES y de la CULTURA DEL ESPÍRITU.
"Y tal puerta, ¡oh príncipe del tiempo! es la más ancha de todas, porque es la de las perfecciones. Sólo pueden recorrerla en toda su extensión aquellos que tienen sobre la cabeza una bendición nativa.
"No os citaré más que algunos rasgos principales".
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 62ª noche

Ella dijo:
"No os citaré más que algunos rasgos principales.
"Cierto día, uno de los chambelanes del califa Moawiah fué a anunciarle que un graciosísimo cojitranco llamado Aba-Bahr ben-Kais estaba esperando a la puerta. Y el califa dijo: "hacedle pasar". Y el cojitranco entró, y el califa Moawiah le dijo: "Acércate para que me deleite con tus palabras". Y le preguntó: "¡Oh Aba-Bahr! ¿cuál es tu opinión acerca de mí?" Y respondió el cojitranco:
"¿La mía? Sabe, ¡oh Emir de los Creyentes! que mi oficio es afeitar cabezas, cortar bigotes, cuidar las uñas, depilar sobacos, afeitar ingles, limpiar los dientes, y en caso de necesidad, sangrar las encías; pero nunca haré ninguna de esas cosas en día de viernes, porque sería un sacrilegio".
Entonces el califa le dijo: "¿Y cuál es tu opinión acerca de ti mismo?" Y el cojitranco respondió: "Pongo un pie delante del otro y lo hago adelantar lentamente, siguiéndolo siempre con la vista".
El califa preguntó entonces: "¿Cuál es tu opinión acerca de tus jefes?" Y el otro contestó: "Al entrar los saludo con toda ceremonia, y aguardo que me devuelvan el saludo".
Entonces preguntó el califa: `¿Y cuál es tu opinión acerca de tu mujer?"
Y exclamó el cojitranco: "Dispénsame de contestar a eso, ¡oh Emir de los Creyentes!" Pero el califa insistió: "Te conjuro a que me contestes, ¡oh Aba-Bahr!'
Y entonces el cojitranco dijo: "Mi esposa, como todas las mujeres, fué creada de la última costilla, que es una costilla de mala calidad y toda torcida". Y el califa dijo: "¿Pero qué haces cuando quieres acostarte con ella?" Y el cojitranco respondió: "Le hablo con agrado para prepararla bien, después le doy dos besos en todas partes, para excitarla como es debido, y apenas está en la disposición que tú comprendes, la tumbo de espaldas y la cabalgo. Y entonces, cuando la gota de nácar se ha inscrustado en su cimiento, exclamo: "¡Oh Señor!, haz que esta simiente se cubra de bendiciones, y no le asignes una forma mala; modélala según la belleza!" Después me levanto para hacer mis abluciones; cojo agua con las dos manos, la hago correr por mi cuerpo, finalmente glorio a Alah por sus beneficios".
Entonces el califa exclamó: "En verdad, has contestado deliciosamente. Así es que quiero que me pidas algo". Y Aba-Bahr el cojitranco dijo: "¡Unicamente que la justicia sea igual para todos!" Y se fué. Y el califa exclamó: "¡Aunque en todo el reino del Irak no hubiera más que este sabio, bastaría con esto!"
"Reinando el califa Omar ibn-Al-Khattab, era su tesorero el anciano Moaikab..."
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 63ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven Nozhatú prosiguió de este modo:
"Reinando el califa Omar ibn-Al-Khattab, era su tesorero el anciano Moaikab, y como fuese a visitarle el hijo menor de Omar, acompañado de su nodriza, Moaikab le dió al niño un dracma de plata. Pero al poco tiempo el califa le mandó llamar, y le dijo: "¿Qué has hecho, ¡oh Moaikab!? Ese dracma de plata que has dado a mi hijo es un robo contra toda nuestra nación de musulmanes". Y Moaikab, que era un hombre íntegro, comprendió que había faltado, y no cesó de exclamar: "¿Dónde habrá en la tierra un hombre tan admirable como nuestro emir?"
"Cuentan también que el califa Omar salió a pasearse de noche acompañado del venerable Aslam Abu-Zeid. Viendo a lo lejos una hoguera, se acercó hacia allí, y vio a una pobre mujer que encendía unas ramas debajo de una cacerola y tenía a su lado a dos niños muy enclenques que gemían de un modo lamentable. Y Omar dijo: "La paz sea contigo, ¡oh buena mujer! ¿Qué haces ahí, sola, de noche y con este frío?" Ella respondió: "Estoy calentando un poco de agua para dársela a beber a mis niños, que se mueren de hambre y frío; ¡pero algún día pedirá Alah cuenta al califa Omar de la miseria en que nos vemos!"
Y el califa que estaba disfrazado, se conmovió profundamente y dijo: "¿Pero crees, ¡oh mujer! que Omar conoce tu miseria y no la alivia?"
Y ella contestó: "Entonces, ¿para qué es Omar califa, si ignora la miseria de su pueblo y de cada uno de sus súbditos?"
El califa calló, y ordenó al venerable Aslam Abu-Zeid que le siguiese. Y anduvo muy aprisa, hasta que llegó a la mayordomía de su casa; y entró en el almacén de la mayordomía y sacó un saco de harina de entre los sacos de harina y una vasija llena de grasa de carnero, y pidió a Abu-Zeid que le ayudase a echárselo a cuestas. Y Abu-Zeid se asombró hasta el límite del asombro, y dijo: "¡Déjame que lo lleve yo a hombros, ¡oh Emir de los Creyentes!" Pero el califa repuso: "¿Acaso podrás llevar también la carga de mis pecados el día de la Resurrección?"
Y obligó a Abu-Zeid a que le echase encima el saco de harina y la vasija de grasa de carnero. Y el califa anduvo apresuradamente, cargado de aquel modo, hasta que llegó junto a la pobre mujer. Y cogió harina, y cogió grasa, y lo echó todo en la cacerola, y con sus propias manos preparó aquel alimento. Y se inclinó hacia el fuego para soplarlo, y como tenía unas barbas muy largas, el humo de la leña se abría camino por entre las espesuras de aquellas barbas. Y apenas estuvo preparado aquel alimento, Omar se lo ofreció a la mujer y a las criaturas, que comieron hasta saciarse, a medida que Omar lo iba enfriando con sus soplos. Entonces Omar les dejó la harina y la vasija de grasa, y se fué, diciendo a Abu-Zeid: "¡Oh Abu-Zeid! la luz de ese fuego me ha alumbrado".
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 64ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven Nozhatú prosiguió de este modo:
"Y este mismo califa Omar se encontró un día con un esclavo que llevaba a pacer el ganado de su amo, y le propuso comprarle una cabra; pero el pastor dijo: "No puedo venderla porque no me pertenece". Entonces el califa dijo: "Eres un esclavo ejemplar, y voy a comprarte para que seas libre".
Y compró el pastor a su amo, y lo emancipó en seguida. Porque Omar pensaba:
"¡No todos los días se encuentra un hombre que sea verdaderamente íntegro!"
"Otro día, Hafsa, pariente de Omar, fué a buscarle, y le dijo: “!Oh Emir de los Creyentes! he sabido que en una expedición que Ibas de realizar has ganado mucho dinero. Así es que vengo, como pariente a pedirte un poco".
Y Omar dijo: "¡Oh Hafsa! Alah me ha nombrado guardián de los bienes de los musulmanes, y todo ese dinero es para el bien de los musulmanes. No lo tocaré ni por mi parentesco con tu padre, pues de otro modo perjudicaría a los intereses de mi pueblo ".
Y Nozhatú volvió a oír las exclamaciones de asombro con que nifestaban la admiración sus oyentes invisibles, pero cesó de hablar momento, y después dijo:
"Hablaré ahora de la TERCERA PUERTA, que es la PUERTA DE LAS VIRTUDES.
"Y será con ejemplos sacados de la vida de aquellos hombres justos entre los musulmanes, compañeros del Profeta (¡sean con él la paz y la plegaria!)
"Nos cuentan que dijo Hassán Al-Bassrí: "No hay nadie que antes de entregar el alma no eche de menos tres cosas: no haber podido gozar por completo lo que había ganado durante su vida, no haber podido alcanzar lo que había esperado con constancia, y no haber podido realizar un proyecto largamente pensado".
"Y alguien preguntó un día a Safián: "¿Puede ser virtuoso un hombre rico?" Y Safián respondió: "Puede serlo, y lo es cuando tiene paciencia con las vicisitudes de la vida y cuando da gracias al hombre con quien fué generoso, diciéndole: "¡Oh hermano mío! te debo haber hecho ante Alah una acción perfumada".
"Y cuando Abdalah ben Scheddad vió acercarse la muerte, mandó llamar a su presencia a su hijo Mohammed, y le dijo: "He aquí, ¡oh Mohammed! mis últimos encargos: cultiva la devoción hacia Alah en privado y en público, sé siempre sincero en tus discursos, y glorifica siempre a Alah por sus dones y agradéceselos, porque el agradecimiento llama a otros beneficios. Y sabe muy bien, ¡oh hijo mío! que la dicha no reside en las riquezas acumuladas, sino en la piedad, ¡porque Alah te dispensará todas las cosas!"
"Nos cuentan también que cuando el piadoso Omar ben-Abd El-Aiz llegó a ser el octavo califa ommiada, reunió a todos los miembros de la familia de los ommiadas, que eran muy ricos, y les obligó a entregarle todas sus riquezas en el Tesoro Público. Entonces todos fueron a buscar a Fátima, hija de Meruán, tía del califa, a la cual Omar respetaba mucho, y le rogaron que los librara de aquella desgracia. Fátima fué a ver una noche al califa, y se sentó en la alfombra sin pronunciar una sola palabra. Y el califa le dijo: "¡Oh tía mía! puedes hablar lo que gustes".
Pero Fátima respondió: "¡Oh Emir de los Creyentes! puesto que tú eres el amo, no he de ser la primera en hablar. Y además, nada se te oculta, ni siquiera el motivo de mi visita". Entonces Omar ben-Ad El-Aziz dijo:
"Alah el Altísimo envió a su profeta Mahommed (¡sean con él la plegaria y la paz!) a fin de que fuere un bálsamo para las criaturas y un consuelo para todas las generaciones venideras. Entonces Mahommed (¡sean con él la paz y la plegaria!) reunió cuanto le pareció necesario, pero dejó a los hombres un río en que apagar su sed hasta el fin de los siglos. ¡Y a mí, que soy el califa, me ha tocado el cuidar de que ese río no se desvíe ni se pierda en el desierto!"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 65ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven Nozhatú, mientras la escuchaban detrás del tapiz el príncipe Scharkán, los cuatro kadíes y el mercader, prosiguió de esta manera:
"¡Y a mí, que soy el califa, me ha tocado el cuidado de que ese río no se desvíe ni se pierda en el desierto!"
Entonces su tía Fátima le dijo: "¡Oh Emir de los Creyentes! he comprendido tus palabras, y las mías serán ya inútiles". Y se fué a buscar a los Beni-Ommiah, que la aguardaban, y les dijo: "¡Oh descendientes de Ommiah! ¡No sabéis cuán grande es vuestra suerte con tener por califa a Omar ibn-Abd El-Aziz!"
"Y el mismo califa Omar ibn-Abd El-Aziz, hombre probadamente íntegro, fué quien, al sentir cercana la muerte, reunió a todos sus hijos, y les dijo:
"El perfume de la pobreza es agradable al Señor".
Entonces Mosslim ibn-Abd El-Malek, uno de los presentes, repuso: "¡Oh Emir de los Creyentes! ¿cómo puedes dejar a tus hijos en la pobreza, cuando eres su padre y el pastor del pueblo, y podrías enriquecerlos a expensas del Tesoro? ¿No valdría más eso que dejar todas tus riquezas a tu sucesor?" Entonces el califa, moribundo en el lecho, se indignó, y dijo: "¡Oh Mosslim! ¿cómo había de darles ese ejemplo de corrupción, después de haberlos llevado toda mi vida por el buen camino? Asistí a los funerales de uno de mis antecesores, uno de los hijos de Meruán, y mis ojos vieron ciertas cosas, y juré no obrar así si algún día llegaba a ser califa".
"Y el mismo Mosslim ben-Abd El-Malek nos contó lo que sigue: "Cierto día, cuando acababa de dormirme al regreso del entierro de un jeique, tuve un sueño en que se me apareció aquel venerable anciano, vestido con ropas más blancas que el jazmín; y se paseaba por un paraje delicioso, regado por arroyos y refrescado por una brisa que se había perfumado en los limoneros floridos. Y me dijo: "¡Oh Mosslim! ¿qué no haría uno durante su vida para alcanzar este premio que yo tengo ahora?"
"Y he llegado a saber que en el reinado de Omar ibn-Abd El-Aziz un ordeñador de ovejas fué a visitar a un pastor amigo suyo, y le sorprendió ver en medio del rebaño dos perros salvajes. Y asustado de su aspecto, exclamó: "¿Qué hacen ahí esos perros tan terribles?" Y el pastor dijo:
"No son perros, sino lobos domesticados. Y no le hacen daño al rebaño, porque soy la cabeza que dirige. Y cuando la cabeza está sana, el cuerpo está sano".
"Y un día el mismo califa Omar dirigió a su pueblo, desde lo alto de un púlpito de barro, un sermón que se reducía a tres palabras. Y acabó así:
"Ha muerto Abd El-Malek, y también sus antecesores y sucesores. Y yo también me moriré, como todos ellos".
Entonces Mosslim dijo: "¡Oh Emir de los Creyentes!, ese púlpito no es digno del califa, pues ni siquiera tiene barandilla! ¡Déjanos ponerle al menos una cadena como barandilla" Pero el califa contestó: "¡Oh Mosslim! ¿querrías que Omar llevase al cuello el día del Juicio un pedazo de esa cadena?"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 66ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven Nozhatú prosiguió de este modo:
"El mismo califa dijo un día: "¡No deseo que Alah me libre de morir, pues es el último beneficio concedido al verdadero creyente".
"Y Khaled ben-Safuán fué un día a ver al califa Hescham que estaba en la tienda de campaña rodeado de sus escribas y de sus servidores, y cuando llegó a su presencia, le dijo: "¡Que Alah te colme de sus mercedes, ¡oh Emir de los Creyentes! y que no ponga en tu felicidad ninguna gota de amargura. ¡Y he aquí que tengo que decirte unas palabras que no son nuevas, pero que están dotadas del valor de las cosas antiguas!"
Y el califa Hescham contestó: "Di lo que tengas que decir, ¡oh ibn-Safuán!" Y éste dijo: "Hubo, ¡oh Emir de los Creyentes! un rey entre los reyes que te han precedido, un año de entre los años pasados por la tierra. Y este rey habló de este modo a los que estaban sentados en torno suyo: "¡Oh todos vosotros! ¿hay alguno que haya conocido a un rey que me igualara en prosperidad, ni que fuese tan generoso como yo?"
Pero entre los presentes había un hombre santificado por la peregrinación y dotado de la verdadera sabiduría. Y este hombre dijo: "¡Oh rey! nos has dirigido una pregunta muy importante, y me atrevería a pedirte permiso para contestarla". El rey dijo: "Puedes hacerlo como gustes".
Y aquel hombre dijo: "¿Tu gloria y tu prosperidad son eternas o son fugaces como todas las cosas?" Y el rey respondió: "Son fugaces". Y el hombre dijo: "Entonces, ¿cómo puedes dirigir una pregunta tan grave acerca de una cosa tan pasajera, y de la cual habrás de ser llamado a dar cuenta algún día?"
El rey contestó: "Dices verdad, ¡oh muy venerable jeique! ¿Y qué me toca hacer ahora?" El hombre dijo: "Santificarte". Entonces el rey dejó su corona, vistió el hábito de peregrino y partió para la Ciudad Santa. "Y tú, ¡oh califa de Alah! -prosiguió ibn-Safuán- ¿qué piensas hacer?" Y el califa Hescham se emocionó hasta el límite de la emoción, y lloró tan extraordinariamente, que se mojó toda la barba. Y volvió a su palacio y se encerró en él para entregarse a la meditación".
Entonces los kadíes y el mercader, que estaban detrás del tapiz, volvieron a exclamar: "¡Qué admirable es todo esto!"
Y Nozhatú se detuvo, y dijo: "Esta PUERTA DE LA MORAL contiene tal número de ejemplos, que es imposible narrarlos en una sola sesión, ¡oh señores míos! ¡Pero Alah nos concederá largos días para relatarlos todos!"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparacer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 67ª noche

Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que después de aquellas palabras se calló Nozhatú.
Entonces exclamaron los cuatro kadíes: "¡Oh príncipe del tiempo!
Realmente, esta joven es la maravilla del siglo y de todos los siglos.
¡Nunca hemos visto a nadie que se le pueda comparar, ni sabemos que haya tenido igual en cualquier época de entre las épocas!"
Y después de hablar así, se levantaron todos, besaron la tierra entre las manos del príncipe, y se fueron por su camino.
Entonces Scharkán llamó a sus servidores, y les dijo: "Apresurad los preparativos de la boda, y disponed toda clase de manjares y dulces para el festín". Y los servidores prepararon inmediatamente cuanto les había mandado. Scharkán convidó a las esposas de los emires y visires, invitándolas a formar la comitiva de la recién casada.
Así es que apenas llegado el asr, empezó el festín, se pusieron los manteles y se sirvieron todas las cosas que podían satisfacer los sentidos y alegrar la vista. Y los convidados comieron y bebieron hasta la saciedad. Entonces Scharkán llamó a las cantarinas más ilustres y a todas las almeas de palacio. Y la boda hizo resonar la sala del festín, y la alegría llenó todos los pechos. Y el palacio, al llegar la noche, se iluminó desde la ciudadela hasta las puertas de entrada, así como todas las alamedas, a la derecha y a la izquierda del jardín. Y apenas el príncipe salió del hammam, acudieron los emires y los visires para ofrecerles su homenaje y hacer votos por su felicidad.
En seguida fué a sentarse el príncipe en el estrado de los desposorios, y entraron las damas, lentamente, formando dos filas, precediendo a Nozhatú que avanzaba entre sus dos madrinas. Y después del ceremonial de presentarla con los distintos vestidos, la llevaron a la cámara nupcial, donde la desnudaron. Y quisieron proceder a su tocado; pero desistieron al ver que era inútil para aquel espejo inmaculado y aquella carne de incienso. Y las madrinas, deseándole todas las felicidades, le hicieron las recomendaciones que hacen las madrinas la noche de bodas. Y habiéndole puesto sólo una camisa fina, la dejaron en la cama.
Entonces el príncipe entró en la cámara nupcial. Y estaba muy lejos de sospechar que aquella maravillosa joven fuese su hermana Nozhatú; y ésta ignoraba también que el príncipe de Damasco era su propio hermano Scharkán.
Así es que aquella noche Scharkán entró en posesión de la joven Nozhatú; y las delicias de ambos fueron muy grandes; e hicieron tan bien las cosas, que Nozhatú quedó preñada la primera noche. Y no dejó de revelárselo a Scharkán.
Entonces Scharkán se alegró en extremo, y cuando llegó la mañana, ordenó a los médicos que tomaran nota de aquel día feliz del embarazo. Y subió a sentarse en el trono para recibir las felicitaciones de sus emires, de sus visires y de los grandes del reino.
Después llamó a su secretario, y le dictó una carta para su padre el rey Omar Al-Nemán, enterándole de que se había casado con una esclava llena de perfecciones y sabiduría, y que la había emancipado para convertirla en su legítima esposa; que la primera noche había quedado preñada de él, y que tenía intención de enviarla a Bagdad para que visitase a su padre el rey Omar Al-Nemán; a su hermana Nozhatú y a su hermano Daul'makán. Y escrita esta carta, la selló Scharkán y la entregó a un correo, que salió en seguida para Bagdad, y regresó al cabo de veinte días con la contestación del rey Omar AlNemán. Y la respuesta, después de la invocación de Alah, estaba concebida en los siguientes términos...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 68ª noche

Ella dijo:
Y la respuesta, después de la invocación de Alah, estaba concebida en los siguientes términos:
"Esta es de parte del muy afligido y del profundamente abrumado por el dolor y la tristeza, del que ha perdido el tesoro de su alma, del desventurado rey Omar Al-Nemán a su muy amado hijo Scharkán.
"Sabe, ¡oh hijo mío! cuántas son mis desgracias. Desde que te marchaste sentí que el palacio se desplomaba sobre mi corazón; y no resistiendo esta pena me fui de caza, buscando aliviar mi sufrimiento.
"Y estuve de caza durante un mes, y cuando regresé a palacio supe que tu hermano Daul'makán y su hermana Nozhatú se habían ido al Hedjaz con los peregrinos de la Santa Meca. Y se habían aprovechado de mi ausencia para escaparse, pues yo no había querido permitírselo a Daul-makán a causa de su corta edad, habiéndole prometido que iría con él al año siguiente. Y no quiso tener paciencia, y se escapó de ese modo con su hermana, después de haber cogido apenas lo necesario para atender los gastos del viaje. Y no he vuelto a tener noticias suyas, porque los peregrinos han regresado solos, y nadie ha podido decirme lo que ha sido de ellos. Y he aquí que les llevo luto, y estoy anegado en mis lágrimas y en mi dolor.
"Y no tardes, ¡oh hijo mío! en darme noticias tuyas. Te envío mi saludo de paz, para ti y para cuantos están contigo".
A los pocos meses de recibir esta carta, Scharkán se decidió a contar la desdicha de su padre a su esposa, a la cual no había querido alarmar hasta entonces, con motivo de su preñez. Pero como ya había parido una niñita, fué a su aposento Scharkán, y empezó por besar a su hija.
Y su esposa le dijo: "La niña acaba de cumplir siete días; de modo que hoy tienes que darle un nombre, según se acostumbra". Scharkán cogió a la niña en brazos, y al mirarla, le vió al cuello, pendiente de una cadena de oro, una de las tres maravillosas gemas de Abriza, la infortunada princesa de Kaissaria.
Y al verla, sintió Scharkán tal emoción, que gritó: "Esclava, ¿de dónde has sacado esta gema?"
Y Nozhatú se indignó al oír que la llamaba esclava, y dijo:
"¡Soy tu señora y señora de cuantos habitan en este palacio! ¿Cómo te atreves a llamarme esclava, cuando soy tu reina? ¡No puedo guardar más tiempo mi secreto! ¡Soy tu reina, soy hija de rey! ¡Soy Nozhatú-zamán, hija del rey Omar Al-Nemán!"
Cuando Scharkán oyó estas palabras...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 69ª noche

Ella dijo:
Cuando Scharkán oyó estas palabras, se apoderó de él un temblor muy grande, bajó aterrado la cabeza y empezó a palidecer, hasta que cayó desmayado.
Y cuando volvió en sí, no podía creer que aquello fuese cierto, y preguntó a Nozhatú: "¡Oh señora mía! ¿eres realmente hija del rey Omar Al-Nemán?"
Ella respondió: "Soy su hija". Y Scharkán insistió: "La gema es una señal de que dices verdad, pero dame otras pruebas". Entonces Nozhatú contó toda su historia. Pero es inútil repetirla.
Y Scharkán, completamente convencido, pensaba: ¿Qué he hecho yo, y cómo he podido casarme con mi propia hermana Nozhatú? No hay más remedio que buscarle en seguida otro marido. La casaré con uno de mis chambelanes, y si la cosa llegara a saberse, diría que me he divorciado antes de acostarme con ella". Entonces, volviéndose hacia su hermana, le dijo: "¡Oh Nozhatú! sabe que eres mi hermana, porque soy Scharkán, del cual indudablemente nunca habrás oído hablar en el palacio de nuestro padre.
¡Y que Alah nos perdone!"
Cuando Nozhatú oyó estas palabras, exhaló un gran grito y cayó desmayada. Después, al volver en sí, empezó a lamentarse y a llorar. Y dijo: "¡Hemos cometido una falta terrible! ¿Qué haremos ahora? ¿Qué contestaré a mi padre y a mi madre cuando me pregunten: "¿De dónde has sacado esa niñita?"
Y Scharkán dijo: "La mejor manera de arreglarlo todo es casarte con mi gran chambelán, pues de ese modo podrás criar tranquilamente nuestra hija como si fuese suya, y nadie podrá sospechar lo ocurrido. Tal es el mejor medio de salir de esta situación. Voy a llamar a mi gran chambelán, antes de que se divulgue nuestro secreto". Y ella dijo: "Me avengo a todo,!Oh Scharkán! Pero dime: ¿qué nombre eliges para nuestra hija?" Y Scharkán contestó: "¡La llamaré Fuerza del Destino!"
En seguida se apresuró a llamar a su gran chambelán, y lo casó con Nozhatú, colmándole de regalos. Y éste se llevó a Nozhatú y a su hija a su casa, la trató con todas las consideraciones, y confió la niña a los cuidados de nodrizas y servidoras. ¡Y todo esto ocurrió!
En cuanto a Daul-makán y el encargado del hammam, se preparaban a partir para Bagdad con la caravana de Damasco.
Y mientras tanto, llegó un segundo correo del rey Omar Al-Neman portador de una segunda carta para el príncipe Scharkán. Y he aquí lo que decía después de la invocación:
"Esta es para que sepas ¡oh mi muy amado hijo! Que sigo presa del dolor y bajo la amargura de verme separado de mis pobres hijos. "Y en cuanto recibas mi carta, procura remitirme el tributo de la provincia de Scham, y aprovecharás la misma caravana para que venga tu joven esposa, a la cual deseo conocer, y cuya ciencia y cultura quiero poner a prueba. Pues debo decirte que acaba de llegar a mi palacio, procedente del país de los rumís, una venerable anciana acompañada de cinco muchachas de pechos redondos y de virginidad intacta. Y estas cinco jóvenes saben cuanto un hombre puede aprender en punto a ciencias y conocimientos humanos. Y el lenguaje no podría describir las perfecciones de esas jóvenes ni la sabiduría de la anciana, pues son admirables. Así es que les he tomado verdadero afecto, y he querido tenerlas al alcance de mi mano, pues ningún rey de la tierra puede ostentar semejante ornamento en su palacio. He preguntado su precio, y me ha dicho la anciana: "No puedo venderlas más que por el tributo anual que te corresponde de la provincia de Scham y Damasco".
Y a mí ¡por Alah! no me ha parecido caro el precio, y hasta lo he encontrado indigno de ellas, pues cada una de las cinco jóvenes vale por sí sola mucho más que eso. Por consiguiente, he aceptado, y habitan en mi palacio, mientras llega el tributo anual, cuyo envío aguardo lo antes posible de tu solicitud, ¡oh hijo mío! Porque la anciana se impacienta aquí y tiene prisa por volverse a su tierra.
"Y sobre todo, ¡hijo mío! no se te olvide mandarme al mismo tiempo a tu joven esposa, cuya ciencia nos será útil para juzgar los conocimientos de las cinco jóvenes. Y te prometo, si tu joven esposa llega a vencerlas en ciencia y en ingenio, enviarte las jóvenes como presentes para ti, y además regalarte el tributo anual de la ciudad de Bagdad. ¡Y que la paz sea contigo y con todos los de tu casa, ¡oh hijo mío!"
Cuando Scharkán leyó esta carta de su padre...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

Pero cuando llegó la 70ª noche

Ella dijo:
Cuando Scharkán leyó esta carta de su padre, mandó llamar inmediatamente a su cuñado el chambelán, y le dijo: "Envía a buscar en seguida a la joven esclava con quien te he casado". Y cuando llegó Nozhatú, Scharkán le dijo:
"¡Oh hermana mía! lee esta carta de nuestro padre, y dime lo que te parece". Y Nozhatú, después de leer la carta, contesto: "Lo que tú pienses está siempre bien pensado, y tu proyecto es siempre el mejor proyecto. Pero si quieres saber cuál es mi deseo más ardiente, te diré que no es otro que ver a mi familia y mi país, y que me dejes marchar en compañía de mi marido el gran chambelán, para que pueda contar mi historia a nuestro padre, y decirle todo lo que sucedió con el beduíno, y cómo el beduíno me vendió al mercader, y cómo el mercader me vendió a ti, y como tú me diste en matrimonio al primer chambelán después de haberte divorciado de mí sin acostarnos". Y Scharkán le contestó: "Así se hará".
Y Scharkán llamó al primer chambelán, que no podía sospechar su parentesco con el príncipe, y le dijo: "Vas a partir para Bagdad al frente de la caravana con que envío a mi padre el tributo de Damasco y te acompañará tu esposa, la esclava que te he dado".
Entonces el primer chambelán respondió: "¡Escucho y obedezco!" Y Scharkán mandó preparar para el chambelán una buena litera sobre un hermoso camello y otra litera para Nozhatú.
Entregó una carta al chambelán para el rey Omar Al-Nemán, y se despidió de ellos, quedándose él con la niña Fuerza del Destino, habiéndose cerciorado de que llevaba al cuello, pendiente de una cadena de oro, una de las tres gemas de la desdichada Abriza. Y Nozhatú confió la niña a las nodrizas y sirvientas de palacio; y cuando se convenció de que a su hijita no le faltaba nada, se decidió a acompañar a su esposo. Y ambos fueron a ponerse a la cabeza de la caravana.
Precisamente el encargado del hammam había salido con Daul'makán a dar un paseo hasta el palacio del gobernador de Damasco. Y al ver todos los preparativos de la caravana quiso saber adónde se dirigía y le dijeron: "Va a conducir el tributo de la ciudad de Damasco al rey Omar Al-Nemán".
Entonces Daul'makán preguntó: "¿Quién es el jefe de la caravana?" Y le dijeron: "El gran chambelán, esposo de la joven esclava que conoce las ciencias y la sabiduría". Y Daul'makán se echó a llorar pensando en Nozhatú, y dijo a su acompañante: "¡Oh hermano mío! quiero marchar con la caravana".
Y el encargado dijo: "¡No te dejaré solo después de haberte acompañado desde Jerusalén hasta Damasco!" Y preparó las vituallas, puso la albarda al burro, y una alforja en ella y provisiones en la alforja. Después se levantó los faldones del ropón y se los sujeto al cinturón, e hizo montar a Daul'makán en el borrico. Y Daul'makán dijo: "Monta detrás de mí". Pero el encargado lo rechazó: "Me guardaré muy bien de hacerlo, pues quiero estar por completo a tu servicio". Y Daul'makán insistió: "Por lo menos, montarás para descansar una hora". Entonces exclamó Daul'makán: "¡Oh hermano mío! nada puedo decirte ahora, pero cuando esté junto a mis padres, verás cómo sé agradecerte tus buenos servicios y tu abnegación".
Y como la caravana se ponía en marcha aprovechando la frescura de la noche, la siguieron, marchando a pie el encargado y Daul'makán montado en el borrico, mientras que el gran chambelán y su esposa Nozhatú, rodeados de su numeroso séquito, iban a la cabeza, montados cada uno en su dromedario.
Y anduvieron toda la noche hasta la salida del sol. Y cuando comenzó a apretar el calor, el chambelán mandó hacer alto a la sombra de un bosquecillo de palmeras. Y echaron pie a tierra, y dieron de deber a los camellos y a las bestias de carga. Y descansaron. Después se reanudó la marcha y anduvieron otras cinco noches, hasta que llegaron a una ciudad donde descansaron tres días. Luego prosiguió el viaje, y al fin se encontraron en las inmediaciones de Bagdad, según anunciaba la brisa perfumada que no podía proceder más que de allí...
En este momento de su narración, Scherazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

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